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Dignatarios mayas participaban en celebraciones teotihuacanas

La interacción entre ambas culturas que dominaron la Época Clásica inició antes del año 378 de nuestra era

Teorema Ambiental/Redacción

Élites mayas eran invitados de honor en grandes eventos públicos realizados en Teotihuacán, de acuerdo con hallazgos recientes que aseguran que la relación entre ambas culturas es más antigua que lo que se pensaba, informó el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

El informe fue presentado este jueves como parte de la conferencia “La arqueología hoy”, realizada en El Colegio Nacional, donde además se mostraron los avances del Proyecto Complejo Plaza de las Columnas, encabezado por el arqueólogo japonés Saburo Sugiyama, de la Universidad Estatal de Arizona y Universidad Prefectural de Aichi (Japón).

En su ponencia, “Descubrimientos recientes en Teotihuacán: excavaciones en la Plaza de las Columnas”, la antropóloga Nawa Sugiyama, de la Universidad de California-Riverside, dio algunos detalles sobre este proyecto multidisciplinario sobre cuatro casos de hallazgos de la presencia de la élite maya en grandes eventos públicos en la Plaza de las Columnas de Teotihuacán.

Esto ocurrió antes de “La Entrada”, evento relatado por el epigrafista Davis Stuart a partir de su estudio de la Estela 31 de la ciudad maya de Tikal, en Guatemala, que señala que el 14 de enero del año 378 d. C., Siyaj K’ak’, emisario del rey teotihuacano Átlatl-Cauac (Búho Lanzadardos) llegó a Tikal, en el día en que murió el gobernante de esa ciudad maya, Chak Tok Ich’aak.

Dicho acontecimiento era considerado como la primera interacción entre ambas culturas.

El primer hallazgo consiste en la existencia de más de dos mil 400 restos de esqueletos humanos localizados en lo que se ha llamado Ofrenda A1. Entre los restos hay dientes con incrustaciones y otros con la corona dental limada y afilada intencionalmente. Además, unos tres cráneos muestran una deformación craneal de tipo tabla recta, que eran rasgos comunes en el área maya.

El segundo hallazgo es un gran depósito de cerámica denominado Ofrenda D1, posiblemente los restos de un gran festejo. Se registraron tres mil 500 huesos, la mayoría de animales, y más de diez mil tepalcates (restos de vasijas), probablemente destruidas como parte de un ritual, con distintos elementos iconográficos, relacionados con la cultura maya.

Los restos de fauna recuperada demostraron que se sirvió un banquete compuesto principalmente de conejos y codornices. Asimismo, el análisis paleobotánico identificó productos como la yuca y el tabaco, productos exóticos traídos de tierras lejanas a la gran fiesta.

Por otro lado, se halló una concentración de fragmentos de muros con pintura mural de estilo maya, demolidos intencionalmente, de los cuales se recuperaron más de mil piezas en proceso de limpieza, restauración, escaneo y documentación.

Otro hallazgo, que es conocido como Ofrenda D4, incluye piezas líticas asociadas a elementos marinos y restos de animales sacrificados, entre ellos un mono araña, especie que no es nativa de la región centro de Mesoamérica y cuyo hábitat natural está ubicado más hacia el sur. Se está determinando su origen.

“Los datos de fechamiento por radiocarbono de la Plaza de las Columnas requiere de una cronología refinada de las interacciones entre Teotihuacán y los mayas, marcada por dos periodos: el Temprano, con el que fechamos la Ofrenda A1, entre 300 y 350 d. C., y otro, que es el Tardío, cuando destruyeron los murales mayas, que fue en algún momento entre 350 y 450 d. C.”, indicó Sugiyama.

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