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Conservación y cultivo sostenible de orquídeas

Además de la destrucción de sus hábitats, orquídeas como la Flor de Mayo enfrentan otro factor de riesgo: la extracción excesiva y sin ningún control para ser vendida a precios sumamente bajos en las calles de las ciudades del país
Isabel Rodríguez Flores

Fotografía: Cortesía Dr. Gerardo Salazar, Instituto de Biología, UNAM / Ablestock

En México se encuentran alrededor de mil 300 especies de orquídeas, apreciadas quizás en su justa medida únicamente por quienes se dedican a estudiarlas o bien por aficionados a su cultivo, que requiere un proceso largo y delicado.

Al investigar la genética poblacional de la orquídea Flor de Mayo (Laelia speciosa), la doctora Irene Ávila, del Centro de Investigaciones en Ecosistemas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en Morelia, Michoacán, encontró que esta flor presenta mucha variabilidad genética, relativamente estructurada por regiones. Es decir, las poblaciones de la orquídea en Durango son genéticamente distintas a las de Michoacán o Tamaulipas, por ejemplo.

Esto representa una cierta dificultad para conservar el potencial genético de la planta, porque si la variación estuviera distribuida homogéneamente podría tomarse cualquier población para preservar el potencial genético de la especie y que siga evolucionando. Esto cobra particular relevancia si consideramos que son ya varias las especies de orquídeas mexicanas extintas en los últimos años.

Además de la destrucción de muchos de sus hábitats debido al cambio en el uso del suelo por las actividades agrícolas, forestales y ganaderas y la recolección de leña, orquídeas como la Flor de Mayo enfrentan otro factor de riesgo: la extracción excesiva y ningún control para ser vendida a precios sumamente bajos en cualquier mercado de flores.

Cuando se encuentra que una especie está en peligro inminente de extinguirse o en un área, en algunos casos se intenta propagar la especie artificialmente para su reintroducción; en el caso de las orquídeas, la propagación se hace asimbióticamente (en cultivo estéril) ya sea mediante la siembra de semillas o por cultivo de tejidos, para después llevarlas al hábitat. Una de las conclusiones más interesantes del estudio de la doctora Ávila es que como la diversidad genética está estructurada no da lo mismo tomar cualquier planta e introducirla nuevamente en algún sitio.

“Al introducir o reintroducir plantas propagadas de una localidad distante estás contaminando genéticamente esta población; entonces es muy importante que los proyectos de reintroducción se basen en material que es nativo del área donde se quiere hacerlo”, apunta el doctor Gerardo Salazar, investigador del Instituto de Biología de la UNAM.

La relevancia de estos estudios, señala el especialista, radica en que hasta hace muy poco no se contaba con los datos que permitieran hacer una adecuada planeación para la conservación de orquídeas mexicanas.

La realidad es que existen problemas serios para la conservación de la diversidad de orquídeas en México. Hay muchas poblaciones de un buen número de especies que están desapareciendo. Se sabe cuáles son los factores de riesgo y por qué una población de una especie silvestre se puede ver amenazada con desaparecer.

En entrevista, el doctor Salazar menciona que la desaparición de una especie, en este caso de orquídeas, puede obedecer a factores intrínsecos y factores extrínsecos. Un factor intrínseco puede ser que sencillamente su población es muy pequeña y no tiene la suficiente diversidad genética como para poderse adaptar a los cambios climáticos, lo cual hará que esa especie sea más susceptible de extinguirse que otra.

Pero también hay factores extrínsecos y generalmente tienen que ver con el ser humano. El ser humano afecta a las poblaciones naturales de plantas de varias maneras. Una manera muy directa es con la modificación, transformación o destrucción completa del hábitat.

Muchas actividades agropecuarias, como transformar las selvas en potreros para poner ganado representan el máximo nivel de afectación pues implican la destrucción de un ecosistema y su reemplazo por otro artificial con la consecuente eliminación de la biodiversidad nativa.

“Hay un factor antrópico adicional que, en el caso de algunos grupos de plantas como las orquídeas y las cactáceas, tiene un impacto fuertísimo, que es la extracción selectiva para el comercio. Esta situación es absurda porque las plantas realmente son organismos muy fáciles de multiplicar masivamente.

“En el caso de las orquídeas, que producen miles y miles de semillas por fruto y existe ya toda la tecnología desarrollada para su propagación eficiente en los laboratorios a un costo relativamente bajo, es muy sorprendente que a estas altura sigamos haciendo un uso inadecuado de ellas, es decir, extrayendo excesivamente plantas de las poblaciones naturales y no propagándolas de manera racional”, enfatiza el investigador.

Sin embargo, como señala Salazar, en cuanto a regulaciones para detener la explotación excesiva de especies México es un país de contrastes, al contar con algunas de las leyes y normas más avanzadas del mundo pero el problema es que no se hacen cumplir.

“Existen una serie de regulaciones e instrumentos legales en todos los niveles, como la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente y la Norma Oficial Mexicana NOM-059-ECOL-2001, que enlista las especies de flora y fauna mexicanas silvestres en alguna categoría de riesgo. El marco legal existe y se ha hecho un esfuerzo muy grande por parte de diversos sectores para que esta lista refleje una situación real y esté fundamentada, pero nos sirve de muy poco tener normas tan avanzadas si no hay manera de que se apliquen.”

En ocasiones, autoridades como la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) han realizado operativos para requisar las orquídeas que son vendidas en la calle, pero sucede que a veces quienes las comercializan no saben que están incurriendo en una falta.

“Las orquídeas no llegan solas a la ciudad de México; hemos observado los camiones con decenas de miles de plantas llegando a los mercados de distribución, principalmente Jamaica, de madrugada, en las épocas que se venden las orquídeas y esos señores ya circularon por todo el país sin que nadie los moleste. Castigar a los campesinos de escasos recursos que andan vendiendo las orquídeas en la calle y no frenar realmente la red de acaparamiento y distribución de estas plantas sacadas ilegalmente del campo no permite que se controle el problema.”

Una alternativa para frenar el comercio ilegal —pero permitido por la inacción de las autoridades— de orquídeas sería una mayor vinculación entre la academia, las entidades de gobierno y quienes pueden tener una influencia en el uso de toda esa diversidad, como los consejos de productores o las organizaciones florícolas.

Orquídeas, un buen negocio

Controlar la extracción ilegal de orquídeas contribuiría a que su comercialización legal fuera un buen negocio. La falta de control de la explotación indiscriminada de flores y plantas obtenidas directamente de la naturaleza es uno de los factores que ha evitado que la producción de orquídeas sea un cultivo comercial rentable en México.

“Aun cuando un viverista cuente con todo lo necesario para producir orquídeas en las mejores condiciones, no puede competir con un vendedor que ofrece la flor a un costo diez veces menor, por una fracción muy pequeña del costo que invirtió un empresario hortícola para producirla. Ha habido varias iniciativas de viveros serios que han empezado a hacer propagación de especies mexicanas y también de algunos híbridos, pero es difícil competir con los “materos” (comerciantes de plantas extraídas directamente del medio silvestre) que no tienen que hacer grandes inversiones en infraestructura, salarios de personal, etc.”, asegura el doctor Salazar.

Sin embargo, la responsabilidad también es de los compradores que, acostumbrados a pagar poco, muestran escaso interés en obtener una orquídea de manera “legal” y con cierta garantía de calidad. “Quienes compran orquídeas en la calle también están propiciando que se perpetúe esa extracción incontrolada e inmoderada de la naturaleza, que va a acabar con el recurso.”
De acuerdo con datos de la Asociación Mexicana de Orquideología (AMO) el costo de una orquídea cultivada bajo las mejores condiciones de calidad oscila entre 75 y 150 pesos. De ahí que la gente —por desconocimiento— prefiera comprar la misma flor en la calle por cinco o diez pesos.

“Plantas como las orquídeas son potencialmente inmortales, siendo una pena que la gente prefiera el producto barato que se le va a morir pronto a ese pequeño gasto extra al principio pero que le garantiza muchos años de disfrute de su planta”, asegura el especialista de la UNAM.

Las orquídeas, vistas como una alternativa productiva, son un valioso recurso comercial que está siendo subutilizado al ser extraído directamente del medio silvestre y no ser aprovechado como una empresa hortícola sustancial que dé trabajo a los floricultores y promueva el desarrollo de las comunidades en donde se produce para que sus beneficios regresen a la comunidad, que en teoría es la poseedora y la responsable de preservar la biodiversidad.

“Con un mínimo de capacitación y brindándoles un paquete tecnológico básico, los floricultores y campesinos podrían establecer pequeñas empresas florícolas para obtener un ingreso complementario. Así, obtendrían un beneficio directo, valorarían la biodiversidad y se convertirían en sus guardianes.”

Respecto de la inversión, Gerardo Salazar sugiere el establecimiento de sinergias entre empresas tecnificadas y pequeños productores de orquídeas. “En países como Holanda o los Estado Unidos de América se están produciendo orquídeas en invernadero y son un muy buen negocio. Aquí en México podríamos tener un aprovechamiento de orquídea exitoso de distintos tipos, desde la producción comunitaria relativamente rústica pero supervisada, controlada, hasta una producción masiva, tecnificada, que entrara a competir al mercado mundial.”

Otro aspecto importante de considerar en cuanto a los cultivadores aficionados es que ellos en conjunto tienen la reserva de germoplasma de orquídeas de México más importante de este planeta, asegura el especialista. “Los cultivadores son una fuente de conservación gratuita. Utilizando este material, las empresas tecnificadas podrían identificar los clones, los cultivares más valiosos, propagarlos masivamente, hibridizarlos, es decir, hacer todo lo que se ha hecho con mucho éxito en otros países para desarrollar la industria de la flor, invadir el mercado nacional y pensar incluso en exportar”.

Vainilla, cultivo tropical más rentable del planeta

Las orquídeas son más que plantas de ornato. La vainilla es una planta de la familia de las orquídeas. Existen muchas especies de vainillas en el mundo, pero la vainilla más importante en el comercio, Vanilla planifolia, es una liana nativa de México y Centroamérica. Hay otras especies que se utilizan, pero la de mejor calidad es ésta.

Aunque en el pasado México fue el mayor productor de vainilla, con el paso del tiempo el cultivo de la vainilla se volvió prácticamente insignificante en nuestro país y ahora el principal productor mundial de vainilla es Madagascar.

Los estudios demuestran que la vainilla es el cultivo tropical más rentable del planeta: datos recientes indican que el kilo de vainilla procesada en el mercado internacional puede fluctuar entre cien y 500 dólares. Pocos productos vegetales tienen ese valor.

Aparte de su valor monetario, la vainilla tiene muchos otros agregados. Por ejemplo, como la vainilla es una liana y su cultivo requiere llevarse a cabo con árboles tutores, donde se planta un vainillal se mantiene una cubierta arbórea que contribuye a mantener parte de la biodiversidad original.

Además, es un producto cuya obtención y procesamiento requiere gran cantidad de mano de obra, lo cual evidentemente genera empleos. No obstante, la participación de México en el mercado mundial de vainilla es de sólo un par de toneladas, cuando hay países que producen miles de toneladas anuales.

En el artículo “La vainilla, retos y perspectivas de su cultivo”, recientemente publicado en el boletín informativo Biodiversitas de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO), el investigador del Herbario AMO Miguel Soto señala hasta qué punto la vainilla es un recurso sobreexplotado y subutilizado.

“Sobreexplotada porque las poblaciones silvestres han sido diezmadas con la colecta excesiva para establecer plantaciones hasta el punto de que la especie está en severo peligro de extinción. Subutilizada porque no hemos hecho un uso adecuado de ese cultivo, pues sólo producimos el 1 por ciento de la producción mundial y no hemos sabido aprovechar nuestra mayor ventaja sobre los demás países: la diversidad genética de la especie para hacer fitomejoramiento”, destaca el texto.

Al respecto, Gerardo Salazar concluye: “Considero que en nuestro país tendría un gran impacto el establecimiento de plantaciones tecnificadas con la meta de producir muy grandes volúmenes de vainilla, con riego, control de malezas, vigilancia fitosanitaria para detectar y eliminar plantas con virus u hongos y con programas de fitomejoramiento mediante hibridación entre los distintos clones. Esto implicaría inversiones importantes y con certeza podríamos volver a figurar como líderes en el mercado mundial de vainilla.”

2000 Agro

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