Tendencias

Conoce el Panteón de Belén, justo en el centro Histórico de Guadalajara

Construido en el siglo XIX, es uno de los primeros cementerios en el estado de Jalisco y allí descansan personajes importantes de esa época que vivieron en la región

Teorema Ambiental/Redacción

Guadalajara, Jalisco, 16 de octubre de 2020.— La Oficina de Visitantes y Convenciones de Guadalajara informó que hará una selección de leyendas relacionadas con el Panteón Belén, un sitio que además de contar con una bella construcción fue el lugar de descanso de personajes ilustres de Jalisco durante el siglo XIX.

Originalmente el lugar llevaba el nombre de Panteón Santa Paula, con el paso de los años y por costumbre adquirió el nombre de Panteón Belén. Sin embargo su funcionalidad fue breve pues fue uno de los primeros panteones de Jalisco, instalado en 1846 y cerrado en 1896.

Su construcción estuvo a cargo del arquitecto Manuel Gómez Ibarra a petición del obispo don Diego de Aranda. Justo en el centro se localiza un mausoleo con cúpulas que son muy parecidas a las que están en la catedral de Guadalajara, al centro en el interior está la capilla principal y en la parte inferior se aprecian las catacumbas, en las que se resguardaban los cuerpos de importantes figuras del estado y que más tarde fueron trasladados a la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres.

Aunque en el panteón ya no se realizan eventos funerarios, sigue funcionando como museo para que los visitantes aprecien su construcción y conozcan de cerca las tumbas y leyendas que rodean al lugar.

Además, el lugar tiene una serie de leyendas que hacen todavía más interesante la visita.

Por ejemplo, la tumba del niño Ignacio Torres Altamirano, donde la gente a su paso le deja peculiares ofrendas que van desde juguetes hasta una variedad de dulces.

Según su leyenda, Nachito nació con un miedo descomunal a la oscuridad, su temor era tan grande que sus padres debían dejar las luces encendidas durante toda la noche, ya que si esto no sucedía el niño permanecía gritando y llorando.

Un día la luz del cuarto permaneció apagada y el resultado fue aterrador, pues encontraron su cuerpo sin vida y llevado al Panteón Belén. Al día siguiente de su entierro, los encargados del lugar lo encontraron fuera de su tumba, este fue un hecho que se repetía diariamente, lo que llevó a sus padres y autoridades a colocar su ataúd por fuera de la tierra y acompañar el lúgubre espacio con iluminación por la noche. La leyenda señala que a partir de esto, el cuerpo del niño jamás se volvió a ver fuera de su sitio.

Otra leyenda señala que en la época colonial, desde Europa llegó a vivir a la ciudad don Jorge, un hombre que según su historia hacía recorridos nocturnos con una actitud bastante extraña que se acompañaba de una vestimenta totalmente negra.

Cada vez que el misterioso hombre abandonaba su casa a su paso dejaba una serie de animales muertos, con el tiempo la muertes comenzaron a ser humanas, un suceso que alertó a la comunidad y llevó a investigar la causa de esas misteriosas pérdidas. Un día se escucharon gritos ensordecedores muy cerca del Panteón Belén, la sorpresa fue que al llegar al lugar don Jorge atacaba a un hombre clavándole en el cuello lo que parecían ser colmillos, los pobladores lo persiguieron por algunos minutos pero logró escapar.

Más tarde, el cura de aquella época decidió asistir a su morada y realizarle un exorcismo acompañado de algunas personas, en el acto alguien clavó sobre su pecho una estaca y antes de morir don Jorge juró que regresaría a cobrar venganza. Su cuerpo fue llevado al famoso panteón y curiosamente años después un árbol comenzó a emerger de su tumba iniciando así la leyenda de que el día en que el árbol sea derrumbado o este rompa por completo la lápida, el vampiro regresará a cumplir su venganza.

Otra leyenda indica que una de las gavetas mejor conservadas y más visitadas de todo el lugar, es la del doctor José G. Castro, quien falleció a los 29 años. Con su muerte sus pacientes acudían primero a darle sus condolencias, después curiosamente se presentaban para pedirle “consultas”.

Con el paso de los años estas visitas se hacían más constantes, pues las personas enfermas afirmaban que el doctor los sanaba desde el más allá.

De acuerdo con la leyenda, toda persona que visite la tumba del médico José Castro a las 12:00 horas del día, le rece con fervor una oración y pida por la sanación de algún enfermo, este le concederá la petición. A más de 150 años de su muerte su gaveta sigue estando llena de ofrendas y visitas que solicitan una pronta recuperación.

Suscribete al Boletin

PAÍSES QUE NOS ESTÁN VIENDO