Terremotos con características como el del 19S no son atípicos: AMC

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Los sismos ‘intraplaca’ son más comunes de lo que se piensa y su intensidad está en el parámetro que conocemos

José Luis Martínez

amc-sismoUn terremoto con las características de origen y aceleración como el que azotó el centro de México no fue atípico y es más común de lo que se cree, aseguró el Dr. Shri Krishba Singh Singh, investigador del Instituto de Geofísica de la UNAM.

El experto aseguró que el monitoreo sismológico se modernizó en nuestro país a partir del terremoto que devastó la Ciudad de México en 1985, luego que las autoridades reconocieron que gran parte del daño de ese sismo fue por falta de conocimiento sobre el tema.

Durante el foro: “¿Cómo se pueden reducir los riesgos en el caso de los sismos?”, organizado por la Academia Mexicana de Ciencias, en la sede del Instituto Nacional de Estudios Históricas de las Revoluciones de México, Moderado por el presidente de la Academia Mexicana de Ciencias, José Luis Morán López.

“El terremoto del 7 de septiembre de este año ocurrió el sismo más grande registrado en la historia del país, desde 1900, cuando comenzó el monitoreo de estos fenómenos, mientras que el del 19 de septiembre de 2017 fue el más desastroso; ambos por encima del de 1985”, aseguró.

Este último movimiento se presentó al interior de la placa Norteamericana y no entre la unión de esta Placa y la Placa de Cocos, en la costa del Pacífico sur, donde normalmente ocurre la principal actividad sísmica del país. Sin embargo, entre los sismos más peligrosos que se tienen registrados, son los que se generan debajo de una placa, los que han provocado efectos más dañinos, debido a la cercanía que tienen con las zonas urbanas y la aceleración de la energía que liberan al emerger.

“Sin embargo, la ocurrencia de este tipo de fenómenos ‘intraplaca’ son más comunes de lo que se piensa y su intensidad está en el parámetro que conocemos como común para este tipo de fenómenos”, agregó.

Faltan sistemas de monitoreo sismológico en el país

Por su parte, la doctora Xyoli Pérez Campos, jefa del Servicio Sismológico Nacional (SSN) del Instituto de Geofísica de la UNAM, aseguró que es necesario reforzar la red de detección de sismos que actualmente depende del (SSN) y que cuenta con 163 estaciones de monitoreo en toda la República Mexicana.

“Estamos planteando un crecimiento de 58 estaciones en los próximos años. Tenemos 164 estaciones en todo el país, pero solo en California hay 400 estaciones. ¿Cuántas se necesitan?, Japón tiene 1200 y son territorios mucho menores que nosotros entonces, siempre vamos a necesitar. Cada estación en promedio cuesta tres millones de pesos”, indicó.

Desde que se tiene registro de los sismos en el país, la investigadora explicó que se tiene un registro de más de 104 mil movimientos telúricos, con los cuales se alimenta un catálogo que les permite obtener parámetros para realizar proyecciones a futuro y determinar cuáles son las zonas de mayor riesgo. Entre todo este catálogo, indicó que sólo cuatro sismos han rebasado los 8 grados en la escala de Richter: 1932, 1985, 1995 y el 7 del septiembre.

“Contamos con equipos de medición con la mejor tecnología a nivel mundial, pero necesitamos más aparatos”, concluyó.

Rascacielos, no corrieron peligro el 19S
Finalmente, el doctor Mario Ordaz, del Instituto de Ingeniería de la UNAM, dijo que se deben verificar las normas de construcción en México, como la principal causa de los derrumbes provocados por los temblores. Explicó que 38 de los edificios que colapsaron en la Ciudad de México se construyeron con la norma previa a 1985 y afirmó que actualmente hay otras construcciones que no se ajustan a la ley vigente.

Además, agregó que los movimientos no se presentan en la misma zona de la Ciudad, por lo que los edificios que colapsaron en 2017, pudieron no ser afectados por el movimiento de 1985. Sin embargo, reconoció que existe una franja de suelo blando, en la zona centro y sur de la Ciudad que es especialmente vulnerable y que fue donde cayeron las edificaciones. “En Yautepec, cerca del epicentro, la fuerza con la que se sintió el sismo, podría repetirse hasta dentro de mil años”.

Por las características del sismo del 19 de septiembre de este año, el investigador del Instituto de Ingeniería reconoció que un factor importante de riesgo es construir sobre el territorio desecado del antiguo Lago de Texcoco, debido a que la aceleración de la energía liberada por el sismo a una distancia tan cercana como la que se dio ese día, provocó los daños tan severos. En Culhuacán, que es una zona de suelo blando, se sintió 10 veces más fuerte que en CU, que es una zona rocosa”.

“Vimos que ningún edificio alto de la Ciudad sufrió problemas con el movimiento, por el tipo de tecnología con el que está construido, pero la mayor parte de los daños ocurrieron en construcciones bajas o edificios de mediana altura, hasta de siete u ocho pisos”, aseguró.

Finalmente, el experto explicó que la sobreexplotación del acuífero que se realiza actualmente en el subsuelo de la Ciudad para abastecer a la población de agua potable, es un agravante al riesgo de derrumbes, debido a que con el hundimiento del terreno, los inmuebles no se asientan uniformemente, sino con desniveles que los debilitan y pueden provocar su colapso.

“Hemos visto que eventualmente este suelo al que se le extrae el agua tiende a endurecerse. A largo plazo, será un suelo estable, pero para ese momento, ya nadie habitará la Ciudad de México porque no habrá más agua para abastecer a la población”, ironizó.

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