Ciencia y tecnología

Los 4 agroquímicos más peligrosos

El uso de sustancias agroquímicas peligrosas sigue siendo un riesgo para millones de agricultores en el mundo. La Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO) calcula que en todo el mundo se venden hoy en día entre uno y dos millones de fórmulas químicas distintas.

El organismo define que una «formulación plaguicida extremadamente peligrosa» es aquella que produce graves efectos en la salud o el medio ambiente, susceptibles de observarse en un periodo breve de tiempo después de una o varias exposiciones, en las condiciones establecidas de utilización de la sustancia. En la práctica, “esos efectos incluyen la muerte, invalidez y defectos de nacimiento, y las formulaciones abarcan sustancias como el DDT y los compuestos elaborados a partir de mercurio”.

Entre las sustancias más altamente peligrosas para la salud humana se pueden distinguir cuatro:
Binapacrilo: tóxico para el hígado, los riñones y el sistema nervioso, especialmente para los trabajadores de zonas cálidas. Puede producir psicosis tóxica y convulsiones.
Dicloruro de etileno: sus efectos varían desde daños al hígado y los riñones a la muerte por edema pulmonar. Se ha demostrado que produce cáncer de estómago, pulmones, mamas y de otros tipos en animales.

Óxido de etileno: la exposición a esta sustancia produce irritación del sistema respiratorio, insomnio, debilidad muscular, diarrea, náusea, conjuntivitis y desórdenes neurológicos.

Toxafeno: un fuerte envenenamiento produce convulsiones y estado de coma. En algunos casos causa hipertermia, aceleración del ritmo cardiaco y la muerte.

Con el fin de reducir el riesgo que implica el manejo y uso de estas sustancias existe el Convenio de Rotterdam, el cual se ocupa de la exportación e importación de sustancias químicas peligrosas y, en consecuencia, de su empleo y reglamentación.

En el convenio se hallan inscritas 27 sustancias, la mayor parte plaguicidas. Además del Granox TBC, el comité de revisión de sustancias químicas ha recomendado que se incluya el monocrotofos, un insecticida que se aplica en muchos países en desarrollo, sobre todo en Asia, para combatir insectos y ácaros; un insecticida, herbicida y funguicida llamado DNCO, excesivamente tóxico para los seres humanos, y todas las clases de asbestos.

Desventajas de países pobres

Los países importadores menos favorecidos a menudo carecen de los medios necesarios para la gestión de las sustancias químicas peligrosas durante toda la vida útil de las mismas, desde su importación, pasando por su aplicación y culminando en su eliminación en condiciones de seguridad.

La mayor parte de los países africanos carecen de centros de control toxicológico. Las personas que utilizan estas sustancias químicas pueden carecer de los conocimientos, el equipo y la capacidad necesarios para utilizarlas en condiciones de seguridad. Muchos países también tienen el problema de acumular enormes cantidades de productos químicos que no se han utilizado, que se han eliminado en forma ilegal o han quedado abandonados en zonas de almacenamiento que no son seguras, con la posibilidad de contaminar el suelo, el agua y la atmósfera. Pocas veces existen
sistemas eficaces para eliminar las sustancias químicas peligrosas.

Procedimiento de ICP

Este procedimiento sirve para obtener formalmente y difundir las decisiones de los países importadores respecto de su deseo de recibir futuros envíos de determinada sustancia química, y asegurar que los exportadores respeten esas decisiones. De modo que su propósito es fomentar una responsabilidad compartida entre los países exportadores y los países importadores. Capacita a los países más pobres para tomar sus propias decisiones al proporcionarles información sobre las experiencias de otras regiones y sobre las decisiones existentes de prohibir o restringir estrictamente el empleo de algunas sustancias químicas tóxicas.

El Procedimiento de ICP, en síntesis

Primer paso: por lo menos dos países, de distintas regiones del mundo, informan a la Secretaría del Convenio de Rotterdam de haber tomado medidas normativas en el país para prohibir o restringir rigurosamente el empleo de determinada sustancia química. Si se trata de una «formulación plaguicida extremadamente peligrosa», basta con que un solo país informe de un caso de envenenamiento.

Segundo paso: la secretaría solicita la documentación de referencia y la remite a su comité de examen químico.

Tercer paso: el comité estudia la información y decide si recomendar la incorporación en la Conferencia de las Partes del Convenio.

Cuarto paso: en caso de incorporarse una determinada sustancia química, la secretaría distribuye un documento de orientación para la toma de decisiones a todas las autoridades nacionales competentes, con un resumen de los peligros toxicológicos y ambientales que entraña, y las medidas normativas tomadas por los países para prohibir o restringir rigurosamente la utilización de esta sustancia química.

Quinto paso: a partir del documento de orientación para la toma de decisiones, las autoridades de cada país deciden si aceptan o rechazan la importación de la sustancia de que se trate, o si restringen su importación acatando determinadas condiciones, e informan a la secretaría de su decisión.

Sexto paso: la secretaría publica semestralmente una lista completa de las reacciones de los países, y publica asimismo en su base de datos electrónica del ICP toda la información pertinente sobre cada sustancia química.

De conformidad con el procedimiento de ICP, la FAO proporciona a todos los países participantes informes minuciosos de los riesgos que plantean determinadas sustancias químicas, a fin de que puedan decidir si importarlas en el futuro. Si algún país decide prohibir o restringir la utilización de determinadas sustancias de la lista de ICP, se notifica a los países exportadores que deben informar de inmediato a sus exportadores, su industria y oficinas de aduanas. «Fundamentalmente somos una especie de servicio de alerta en el comercio de sustancias agroquímicas –dice Bill Murria–. El planteamiento del Convenio de Rotterdam consiste en impedir que se presenten problemas por empleo de sustancias agroquímicas peligrosas…»

Después del sector automotor, la industria química es la más grande del mundo, con ventas anuales equivalentes a 1.6 billones de dólares. Al comercio internacional le corresponden 480 mil millones de dólares de las ventas. Pero debido a las deficiencias de información y supervisión es muy difícil calcular la parte del comercio internacional que corresponde a las sustancias químicas peligrosas para las personas y el medio ambiente.

Efectos mortales

En julio de 2000, 16 jóvenes campesinos sanos de la región de Kolda, en Senegal, se enfermaron de pronto y murieron. Todos presentaron los mismos síntomas: hinchazón intensa de la cara, las extremidades y el abdomen, cardialgia y dificultad para respirar, y en menos de una semana fallecieron. Un grupo de especialistas del gobierno en enfermedades y envenenamiento detectaron de inmediato la probable causa: dos plaguicidas en polvo: Granox TBC y Spinox T, utilizado por las víctimas para proteger de los hongos y los insectos unas semillas de cacahuete recién sembradas.

En Ginebra, 18 meses más tarde, un grupo internacional de expertos comenzó a advertir a los gobiernos sobre el peligro de estas sustancias. El Comité Provisional de Examen de Productos Químicos declaró que el Granox TBC y el Spinox T son sustancias «extremadamente peligrosas» y recomendó que ambas se sumaran a una lista de componentes agroquímicos sujetos a normas internacionales de control comercial.

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