Biodiversidad

Madres salvajes

¡Las mamás! Nobles, desinteresadas y tigresas cuando se trata de defender a sus hijos. En este 10 de mayo, vaya que merecen nuestra admiración. Con cuánta ternura leen las tarjetas que les damos junto con el regalo adecuado.

He aquí una gallina de guinea mamá, seguida por una decena de polluelos. Más allá, una mamá panda y su bebé comparten una ramita de bambú y, un poco más lejos, un águila negra lleva alimento a sus aguiluchos. Te queremos, mamá. Eres nuestro puerto seguro en la tormenta.

Pero esperen un poco. Esa gallina de guinea está caminando demasiado rápido. De hecho, sus polluelos no pueden seguirle el ritmo y, al final del día, ¡cielos! sólo dos pequeñuelos siguen con ella. Y la mamá panda, ¿acaso no dio a luz a unos gemelos? Entonces, ¿por qué sólo hay uno comiendo con ella?

En cuanto al águila negra africana, su nido es mucho más parecido a un poema de Edgar Allan Poe que a uno de Hallmark. La madre ha conseguido presas en abundancia, pero sólo alimenta a uno de sus aguiluchos y luego se para en la orilla del nido, mientras el aguilucho alimentado picotea al otro hasta matarlo.

¿Cuál es el problema con estas frías madres, que dan la vida y luego la quitan sin inmutarse? ¿Acaso están enfermas, o son unos monstruos, como Piper Laurie en la cinta Carrie?

Pues no. Por más que quisiéramos creer que las hembras madres fueron creadas para alimentar y proteger a sus hijos y pelear a muerte, si es necesario, para mantenerlos con vida, lo cierto es que en la naturaleza abundan las hembras mamás que desafían nuestra noción de lo que es maternal.

Hay mamás que se comen a sus hijos y otras que se beben su sangre. Algunas enfrentan a un hijo con otro hasta que uno de los dos muere y otras más crían a sus bebés con la carne de sus hermanos.

Entre varios mamíferos, incluyendo los leones, ratones y changos, las hembras pueden abortar espontáneamente sus fetos o abandonar a sus recién nacidos cuando la situación es difícil o cuando hay un nuevo macho merodeando.

Otras mamás, como por ejemplo las pandas, practican una forma posnatal de planificación familiar y dan luz a un heredero y a un “desechable” y, cuando el heredero se logra exitosamente, abandonan al otro sin ningún miramiento.

“Frecuentemente, las pandas dan a luz gemelos, pero prácticamente nunca crían a dos bebés”, dijo Scott Forbes, profesor de biología en la Universidad de Winnipeg. “Es el lado oscuro de las pandas.”

Durante mucho tiempo, investigadores consideraron el infanticidio como una patología, resultado de un estado de estrés extremo de la madre. Por ejemplo, el hijo de un campesino merodea el nido de un conejo, y mamá conejo responde comiéndose a cada uno de sus ocho conejitos bebés.

Sin embargo, recientemente científicos han recabado evidencias de que una “mala” maternidad es común en la naturaleza e, incluso, clave en el plan reproductivo.

Entre los pingüinos de Magallanes, aunque la madre deposita e incuba dos huevos, da el 90 por ciento del alimento a la cría más grande, garantizando que la otra morirá.

Al igual que los pingüinos, muchas especies de animales que habitualmente se deshacen de parte de su progenie viven en ambientes difíciles, que dificultan criar a muchos hijos.

Algunas madres halcones y lechuzas no sólo dejan de alimentar a su progenie, sino que se la comen.

“Comerse a la víctima sirve a dos efectos: es un alimento oportuno y garantiza que hay una boca menos por alimentar”, dijo el doctor Forbes.

Fuente: El universal

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