Colaboraciones

Con Impulso Urbano, más que viviendas se construye comunidad

Transformar un jacal de 30 metros cuadrados en una vivienda de dos pisos usando materiales reciclados y llevar un poco de la antigua Grecia a el barrio popular del Tampiquito al convertir una escalera en mal estado en un Ágora, son dos de los proyectos realizados por Impulso Urbano, programa en el que participan profesores y alumnos de la Escuela de Arquitectura y Diseño del Tecnológico de Monterrey, Campus Monterrey.

A lo largo de 12 años la Escuela de Arquitectura y Diseño del Tecnológico de Monterrey, Campus Monterrey ha impulsado proyectos para mejorar las condiciones de vivienda de familias con escasos recursos económicos con programas como «10 casas para 10 familias» en el que profesores y alumnos de la Institución apoyan a personas con bajos recursos económicos para que mejores sus viviendas, con actividades que iban desde construir una barda, agregar una habitación extra al inmueble o incluso edificar la casa.

El doctor Pedro Damián Pacheco Vázquez, profesor en el Campus Monterrey y director del programa, explica que estos proyectos evolucionaron en el programa «Impulso Urbano» (http://www.impulsourbano.org/) en el que alumnos del Campus Monterrey -en su mayoría de la carrera de Arquitectura e Ingeniería Civil-, trabajan con familias de ingresos económicos bajos en colonias populares pero ahora en la rehabilitación, creación o transformación de pequeños espacios públicos.

«Lo que buscamos es que se den cuenta que cualquier cosa que ellos construyan es un engrane más de lo que hace una ciudad y nos hemos movido de diseñar y construir vivienda familiar a diseñar y construir la calle o el parque; es decir, a nivel urbano. Porque nos hemos dado cuenta que cuando el impacto va más allá de la vivienda; podemos empezar a crear comunidad; que es uno de los temas fundamentales del programa», comenta.

La Casa Rosenda

El Programa «Impulso Urbano» fue reconocido en el certamen «Diseña como si te importara» organizado por la agrupaciónArchitecture for Humanity el pasado 22 de octubre en la ciudad de Nueva York, donde obtuvo el segundo lugar del certamen gracias al proyecto «Casa Rosenda», una casa habitación ubicada en el municipio Guadalupe, Nuevo León y construida en un 40% con materiales reciclados.

«La Casa Rosenda nos tomó alrededor de un año, porque tiene un componente de estudio y de investigación y de exploración que nos toma como equipo desarrollar. Diseñamos, probamos componentes, prefabricamos y eventualmente construimos y en este caso como la mayor parte de la mano de obra era de los alumnos debimos dedicar tiempo a capacitarlos porque como escuela nos interesa acercar al alumno a situaciones donde pueda estar en contacto directo con materiales, con el proyecto y con la familia», afirma.

La casa toma el nombre de su propietaria, la señora María Rosenda Flores, empleada del Departamento de Aseo y Jardines del Campus Monterrey desde el año 2000, quien vivía en un jacal de lámina en una superficie de sólo 30 metros cuadrados con sus dos hijas y tres nietos.

Para su construcción se usaron maceteros del Campus Monterrey, madera de las bancas de los patios, vidrio del edificio CETEC, maderas de durmiente de riel, vidrios de congeladores comerciales, fibra de vidrio de los aires acondicionados, acrílico de exposiciones, varilla y acero reciclados.

Todo ello se integró en una construcción modular y progresiva en la Casa Rosenda, un espacio de 60 metros cuadrados con patio, cocina progresiva, un baño completo, cinco recámaras y con capacidad para colectar agua de lluvia.

Un ágora para «Tampiquito»

El doctor Pacheco comenta que en la antigua Grecia, el ágora era un espacio público donde los griegos se reunían a discutir los asuntos públicos, a hacer comunidad. Inspirados en el pensamiento clásico Impulso Urbano colaboró con los vecinos de los barrios populares «Lomas del Tampiquito» y «La Barranca» ubicado en el municipio de San Pedro Garza García, para transformar una escalera en mal estado en un ágora contemporánea.

La escalera en cuestión medía 60 metros lineales y era usada por los vecinos para ir de una calle a otra pero estaba severamente deteriorada, por lo que al hablar con los vecinos y analizar el proyecto se dieron cuenta de que podía convertirse en un auditorio.
Los alumnos del Tecnológico de Monterrey participaron en el diseño, en el seguimiento y la construcción del proyecto; además se involucraron en conseguir los materiales y trabajaron con los vecinos en la edificación.

En este caso también se usaron materiales reciclados, como pedazos de concreto que fueron desechados luego de remodelaciones o demoliciones, la varilla fue donada y la mano de obra mucha es de los alumnos pero también de la comunidad, que al participar en construcción de la obra la va a cuidar.

«Para el alumno, los coordinadores y para los beneficiarios el simple hecho de colectar una piedra y caminar juntos para llevarla a donde tiene que estar nos da la oportunidad de platicar de conocernos, de entendernos, de ver nuestros problemas y saber que somos dependientes. Es un método de hacer comunidad», comparte.

Durante los ocho meses que demoró este proyecto realizado en colaboración con organizaciones como la rama en Monterrey de la asociación internacional Architecture for Humanity, el municipio de San Pedro Garza García, el colectivo El Narval, una organización cultural de Tampiquito y la Facultad de Trabajo Social de la Universidad Autónoma de Nuevo León que ayuda a enlazar el proyecto con la comunidad, los alumnos tuvieron la oportunidad de conocer mejor a la comunidad.

La inauguración de la cuarta parte del proyecto se celebró el pasado 3 de diciembre y actualmente se encuentran en el proceso de búsqueda de fondos para continuar con las siguientes etapas

Componente de investigación y compromiso social
En el programa participan cada año alrededor de 75 alumnos, el 60% de ellos de Arquitectura (ARQ) y los demás de carreras como Ingeniero Civil (IC) o Licenciado en Diseño Industrial (LDI), pero pueden participar alumnos de todas las carreras; en proyectos que van más allá de solamente cumplir con sus horas de Servicio Social Comunitario.

«La parte más importante de nuestro programa es que estamos interesados en tener un impacto social fuerte en nuestros alumnos al acercarlos a un ambiente que para ellos es desconocido, a través de su carrera», destaca el doctor Pacheco.

Detalla que los alumnos participantes aplican lo que han aprendido en semestres anteriores y están en contacto con la materia prima de lo que es su disciplina. «En el caso de los que no son de Arquitectura siempre hay temas como por ejemplo Salud para los de Médico Cirujano (MC); cómo operar y administrar los materiales o el programa para los de Licenciado en Administración (LAE); los de Licenciado en Animación y Arte Digital (LAD) crear la página web y administrarla, pero siempre buscando que el alumno pueda ver más allá de su disciplina».

Así, continúa el doctor Pedro Pacheco, la ciudadanía, tan importante para los planes de estudio del Tecnológico de Monterrey se lleva a la práctica y los alumnos adquieren, un compromiso social con los proyectos y con las familias a las que apoyan; ubicándolos en situaciones diferentes a su vida diaria y los sensibiliza ante las oportunidades que brinda México para desarrollar productos y servicios destinados a la base de la pirámide.

«Pero al mismo tiempo nos interesa que el alumno vaya co-construyendo esta idea de ciudadanía, no solo a través del discurso que normalmente manejamos en los grupos o en las clases teóricas, sino que lo pueda vivir ahí, con la gente; porque la responsabilidad social y el compromiso hacia el ambiente se fortalece cuando se puede palpar y vivir plenamente una experiencia como esta».

Enviado por: Tecnológico de Monterrey, campus Ciudad de México

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