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Pronostican que Kilimanjaro perderá sus nieves

La conclusión de los científicos del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) fue categórica en su informe presentado en París en febrero: “Es probable” que el calentamiento global oscile entre 1.8 y 6.4 grados centígrados medido en la última década del siglo (sobre la media de 1980-1999), con la mayor probabilidad en tres grados y, lo más importante, “es muy improbable” que sea menor de un grado y medio.

En Bruselas, la pasada semana, y sin que mediara apagón de ningún monumento emblemático, los científicos iluminaron con sus proyecciones lo que será el mapa climático de este siglo, el mismo en el que no sólo el Kilimanjaro perderá sus nieves perpetuas, sino que cambiará el aspecto de muchos lugares que conocemos, siendo precisamente Europa una de las regiones más afectadas.

La situación es preocupante, toda vez que incluso si se produce el aumento mínimo previsto será un incremento mucho mayor que cualquiera de los últimos 10 mil años. Y esto lo hemos provocado en sólo un siglo y medio de industrialización, con la quema de cada vez más combustibles fósiles, la tala masiva de árboles y los cambios en los usos de la tierra. Estas actividades han causado el aumento de los gases de efecto invernadero en la atmósfera.

Estos gases son vitales para la vida en la Tierra porque atrapan parte del calor del sol y, por tanto, sin ellos el planeta sería un lugar frío y estéril. El problema está en que en cantidades elevadas estos gases “empujan” la temperatura global a niveles artificiales muy altos que alteran el sistema climático. De las observaciones y de los diferentes escenarios que maneja el IPCC, se desprende el siguiente un mapa mundial:

África
Hambre y sed

En la Cumbre Mundial del Clima celebrada en Nairobi el pasado mes de noviembre ya quedó sentado que África es el continente más vulnerable al cambio climático, en donde el Kilimanjaro es sólo la estampa más visible. Si la escasez de agua es un problema que viene de antiguo, el futuro y bien cercano, en el año 2020, expondrá a entre 75 y 250 millones de personas a situaciones de estrés hídrico, exacerbando los problemas actuales. Las sequías seguirán a la orden del día llevando la producción agrícola en muchos países y regiones a mínimos que comprometerán el acceso a los alimentos, haciendo de la malnutrición el rostro del continente, pues los campos de cultivo podrían reducirse a la mitad en sólo 13 años.

La otra fuente de alimentación, la pesca, también se verá mermada por los cambios en la temperatura del agua. Al final del siglo, el aumento del nivel del mar se llevará por delante zonas costeras muy populosas, a no ser que se pongan en marcha medidas de adaptación artificiales —pues los arrecifes de coral y los manglares estarán muy debilitados para hacer de barrera natural—, pero que son muy costosas.

Asia
Inundaciones

Frente al Kilimanjaro africano, el deshielo de los glaciares en la cordillera del Himalaya incrementará las riadas, inundaciones y avalanchas, afectando a los recursos hídricos en las próximas dos o tres décadas. Después, los ríos llevarán menos agua, una vez consumado el retroceso y la práctica desaparición de los glaciares. Por eso, la disponibilidad de agua dulce caerá sobre todo en el centro, sur y este del continente a lo largo de las grandes cuencas, donde sin embargo la población seguirá creciendo. Esa escasez podrá afectar en 2050 a más de mil millones de asiáticos. Al tiempo, las populosas áreas costeras del Índico y el Pacífico se enfrentarán a la subida del nivel del mar.

América
Olas de calor y aridez

Unas temperaturas más templadas en las primeras décadas de este siglo en Norteamérica favorecerán los campos de cultivo, pero progresivamente el calentamiento derretirá la capa de nieve, con más inundaciones invernales y menos caudal de los ríos en verano, exacerbando el conflicto por el agua. Mientras, en las ciudades se enfrentarán a olas de calor más intensas, y las ciudades costeras a la violencia de los huracanes y tormentas tropicales. En Centroamérica y Suramérica, la mitad del siglo podría marcar la conversión de la Amazonia oriental en una sabana, al tiempo que crece el riesgo de pérdida de la biodiversidad. El aumento del nivel del mar inundará ciudades como Buenos Aires, Montevideo y otras capitales costeras.

Australia y Nueva Zelanda
Adiós a la Gran Barrera de Coral

Como resultado de una caída de las precipitaciones y un aumento de la evaporación, a partir de 2030 grandes regiones sufrirán escasez de agua. Antes, en 2020, se espera la pérdida de la Gran Barrera de Coral y de los bosques húmedos. Para el año 2050, se incrementará el riesgo de fuertes tormentas e inundaciones costeras.

Regiones polares
Pérdida de hielo

Los principales efectos biofísicos tienen que ver con la reducción en el grosor y extensión de los glaciares y las capas de hielo, así como cambios en los ecosistemas naturales, que afectarán a las aves migratorias, los mamíferos y los grandes predadores. En el Ártico, los osos polares se enfrentan a la extinción, mientras los inuit verán afectado su modo de vida. Ambos polos son vulnerables a la llegada de especies invasoras, pues las barreras climáticas se debilitan.

Y es que en la era de los problemas globales, el calentamiento de la Tierra es uno de ellos. Es un complicado problema “moderno” que involucra a todo el planeta y que se relaciona con asuntos difíciles como la pobreza, el desarrollo económico y el aumento de la población.

Los científicos advierten a los políticos de que tratar con él no va a ser fácil, pero también les dicen que ignorarlo será mucho peor. Las incertidumbres que se desprenden de las predicciones del Panel Intergubernamental del Cambio Climático —que aglutina a tres mil científicos— en cuanto a la mayor o menor probabilidad de unos valores u otros no significa que el problema no sea serio, sino que sus consecuencias pueden ir desde severas alteraciones a las catástrofes.

Fuente: ABC

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