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La CIA ecológica

Desde mediados del año pasado, la Agencia Central de Inteligencia empezó a operar una pequeña unidad dedicada a estudiar el cambio climático

ESPAÑA.— La cooperación entre científicos y espías puede ir bastante más allá de la imaginativa logística de “Mr. Q” en las películas de James Bond. La Agencia Central de Inteligencia, no sin generar cierta polémica, ha empezado a compartir con varios investigadores de Estados Unidos una parte de su tesoro de información secreta para avanzar en el estudio del cambio climático.

Con una primera aportación de miles de imágenes del círculo polar ártico obtenidas por satélites de espionaje provistos de la más avanzada tecnología.

La comunidad científica se ha mostrado especialmente agradecida por ganar acceso a estos recursos normalmente fuera de su alcance. Y con una utilidad especial a la hora de determinar tendencias climáticas, pese a que las fotos desclasificadas hayan sido sometidas a un deliberado proceso de “degradación” —o reducción de calidad— para no desvelar a potenciales enemigos las posibilidades de los satélites de espionaje estadounidenses.

Dentro de estos esfuerzos, desde mediados del año pasado, la Agencia Central de Inteligencia empezó a operar una pequeña unidad dedicada a estudiar el cambio climático como amenaza especifica contra la seguridad nacional de Estados Unidos. Su misión declarada consiste en respaldar con análisis y datos al gobierno federal a la hora de negociar, implementar y verificar futuros acuerdos internacionales.

Según el director de la CIA, Leon Panetta, la compañía disfruta de grandes ventajas al momento de reunir inteligencia sobre cambio climático. Para empezar, el nuevo grupo —conocido como Centro del Cambio Climático y la Seguridad Nacional— se ha encargado de revisar y desclasificar el flujo de imágenes y otros datos que en los últimos meses han empezado a llegar hasta un selecto grupo de unos 60 científicos. Esfuerzo en el que también colabora la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos.

La iniciativa está considerada como una especie de resurrección de un grupo científico que entre 1992 y 2001 aconsejaba al gobierno federal sobre cuestiones de vigilancia medioambiental. Pero el conocido como proyecto MEDEA (Measurements of Earth Data for Environmental Analysis) terminó siendo cancelado con el desembarco de la administración Bush en Washington.

Los recuperados desvelos ecológicos de la CIA no han dejado de producir críticas en Washington, especialmente entre congresistas del Partido Republicano que consideran un despilfarro de limitados recursos que el espionaje preste atención al fenómeno del cambio climático. Según recalcó el senador John Barrasso, solicitando una investigación del Congreso sobre prioridades equivocadas, la principal agencia de los servicios de inteligencia de Estados Unidos debe dedicarse “a perseguir a terroristas en cuevas y no a seguir la pista de osos polares sobre icebergs”.

Fuente: ABC

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