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Control de calidad de las plantas medicinales

La producción de biomasa en plantas medicinales, por área y por tiempo, no es la principal prioridad. La presencia de las sustancias o los principios activos, así como su concentración en algún órgano de la planta, servirán para definir la calidad del producto, además de los aspectos sanitarios, como uso de pesticidas, plagas o enfermedades.

Las plantas medicinales pueden tener una eficacia similar a la de los medicamentos alópatas convencionales, siempre y cuando cumplan con la mayoría de los siguientes requisitos para obtener un buen control de calidad:

El nombre: determinar por colecta botánica el nombre científico de la planta, pues cada especie puede tener varios nombres comunes y uno de éstos puede corresponder a varias especies. En México, por ejemplo, crecen 24 plantas que se llaman «uña de gato» y ninguna es la «uña de gato» del Perú (Uncaria tomentosa).

Es muy frecuente observar confusiones cuando la referencia es sólo el nombre común, por lo que proponemos que cada planta medicinal importante cuente con un respaldo, una colecta botánica en alguno de los herbarios de nuestras universidades. La mayoría de los empresarios que procesan té medicinal rotulan sus empaques con nombres de plantas que no corresponden a lo que va dentro de la caja. Por ejemplo, vemos impreso Matricaria camomilla, debiendo ser Matricaria recutita, ya que la M. Camomilla no crece en México, igual pasa con muchas otras plantas.

Región geográfica: varias plantas medicinales tienen una amplia distribución, la cual incluye diferentes tipos de clima y suelo. Estos factores generalmente repercuten en la composición química de la planta. Una misma especie puede o no tener efecto curativo, esto depende del lugar geográfico donde se colectó. Como ejemplo, la tronadora (Tecoma stans) de clima lluvioso no reduce los niveles de glucosa en sangre; la de clima seco, sí; en el caso de esta planta, nos falta verificar si hay o no relación con el suelo en ambos climas.

Plantas como la damiana de California (Turnera diffusa) se distribuyen en todo el territorio nacional, tomando nombres del lugar de su colecta: damiana de San Luis, damiana de Guerrero. Su composición química es diferente en cada región y sus efectos también. La damiana que crece en Baja California y en Sonora es la única que tiene el efecto tónico para la mayoría de nuestras funciones, principalmente la circulatoria. Resulta fundamental definir para cada especie medicinal la región geográfica en donde se puede colectar o cultivar.

Localidad: si se colecta a la orilla de las carreteras, en los camellones de las ciudades, a la orilla o dentro de las parcelas agrícolas, se corre el riesgo de colectar material contaminado por pesticidas, la mayoría (80 por ciento) de ellos, cancerígenos, excremento de animales, residuos industriales y complicar más las enfermedades de los pacientes, por lo que se recomienda colectar plantas sanas sólo en zonas de vegetación silvestre.

Estación del año: la composición química de las plantas varía en las diferentes estaciones, sobre todo cuando se trata de plantas caducifolias. Por ejemplo, la corteza del cuachalalate (Amphipterygium adstringens) se recolecta durante todo el año, pero la de más alta calidad es la que se obtiene en invierno. Este material cicatriza las úlceras en menos de la mitad del tiempo que cortezas colectadas en otras estaciones. Habrá que definir la época del año ideal para cada planta.

Ciclo de vida: es importante saber la fase del ciclo de vida de las plantas en que las sustancias activas son más abundantes. En el caso de las plantas anuales sólo hay que saber cuál es el órgano útil y cosecharlo. En las plantas semiperennes o perennes (las que viven más de tres años), generalmente los metabolitos secundarios se van incrementando con el paso de los años, y los rendimientos generalmente son muy bajos si no se dejan al menos de tres a cinco años. Después de este periodo se pueden cosechar plantas de raíz como la valeriana, el gin seng y en cuanto al barbasco y la cocolmeca es mejor dejarlos más tiempo, e igual tratamiento se debe dar a las cortezas. Hemos observado mayor efectividad curativa en las cortezas del tronco del cuachalalate y guázima que en las cortezas de las ramas jóvenes.

Hora de la colecta: la composición y concentración química de varias sustancias en las plantas puede variar a lo largo del día como se mencionó en el ejemplo de los aceites esenciales, por lo cual, también debe definirse si los metabolitos secundarios son afectados o no por este factor.

Órgano de la planta: los principios activos generalmente están en mayor concentración en alguna parte de la planta; así, de la manzanilla, sólo se debe usar la flor; de la menta, sólo las hojas; del árnica, sólo la flor; de la cancerina, sólo la corteza de la raíz; del cuachalalate, sólo la corteza del tronco; de la guázima, dependerá del uso: los frutos para enfermedades renales y la corteza del tronco para el control de la diabetes.

Secado: es muy importante considerar el secado, a no más de 45 grados centígrados, hasta quedar con humedad menor al 10 por ciento y en la oscuridad. Cuando se secan al sol raíces, cortezas y tallos leñosos es muy poco el efecto que se pierde, pero cuando son los tallos tiernos, hojas y flores, se pierde más del 50 por ciento del efecto curativo.

Molienda: debe realizarse en molinos de martillos, no de fricción.

Almacenamiento: emplear envases que cierren herméticamente, a baja temperatura y en la oscuridad.

Caducidad: hay que precisarla en cada especie y órgano. Generalmente es de uno a uno y medio años en el caso de las flores y hojas aromáticas; de dos a dos años y medio en hojas no aromáticas y tallos tiernos, y de tres a cinco años en raíces, tallos y cortezas leñosas.

Para cultivar plantas medicinales se recomienda

Definir la región geográfica de la distribución natural de la planta, la cual se determina por el vaciamiento de datos de los ejemplares de herbario de la especie en un mapa por medio de las coordenadas de su ubicación geográfica. Ya se ha aplicado en más de 50 plantas.

Registrar el clima y suelo de mayor efectividad experimental para cada planta. Si cultivamos donde han crecido de manera silvestre por años, no requeriremos tractores para roturar el suelo, ni sistema de riego y tampoco pesticidas. La inversión principal será en mano de obra.

Cuando cultive en un área geográfica que no sea la de su origen, use fertilización natural a base del composteo de materia orgánica de la región. Asimismo cultive cerca de la época de lluvias para requerir el menor riego posible. Si se presentan plagas, use insecticidas naturales a base de ajo, tabaco, epazote, cempasúchil, raíz de oro o chilcuague.

Una observación detallada del ambiente y su interacción con la fenología de la planta nos permitirá ir seleccionando materiales genéticos mejor adaptados a la región, mayor biomasa, cuya efectividad será verificada permanentemente, precocidad para completar su ciclo de vida, dentro de un contexto natural.

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