Sostenibilidad

Sustentabilidad en el libre mercado

La sabiduría popular aconseja que se “predica con el ejemplo”, es decir, la mejor forma de educar no es indicando qué hacer o qué pensar, sino simplemente mostrar mediante nuestras acciones cotidianas cómo creemos que deben ser las cosas. En el caso de las leyes, son éstas las que deben regular nuestras relaciones humanas, comerciales y nuestra relación con la naturaleza.

Tomemos como ejemplo las leyes económicas y los procesos que éstas involucran. El proceso productivo consta de distintos niveles de interacción entre los individuos y de ellos con la naturaleza y son las leyes de mercado las que rigen la mayoría de los procesos productivos. Estos procesos, conocidos como primarios, inician con la relación directa entre el humano y la na-turaleza, y generan solamente valores de uso, como la agricultura y la ganadería, cuyo valor de uso es que sirven de alimento; la extracción de minerales como el cobre y el petróleo que se usa para combustible.

El siguiente nivel, conocido como actividades secundarias consiste en vender el producto, surgiendo así el llamado valor de cambio, que es el precio que se le pone al producto obtenido de la naturaleza. El tercer proceso productivo se refiere al intercambio entre humanos, las actividades terciarias, donde sólo se maneja valor de cambio como todo producto que compramos en cualquier tienda. Mientras más intermediarios existan en los procesos de intercambio, más se aleja de las formas biológicas, sin embargo, no hay que olvidar que el origen del producto que estamos utilizando, es ya un proceso que inició directamente con la naturaleza y está fabricado a partir de recursos naturales.

La situación actual del planeta, observada desde las relaciones entre humanos y con la naturaleza, nos muestra un gran deterioro de todos los ecosistemas, la acumulación excesiva de contaminación, el agotamiento de recursos, la iniquidad económica y las constantes guerras y conflictos sociales son síntomas o indicadores de una estructura de leyes que no está cumpliendo con el objetivo de regular las relaciones humanas y su entorno satisfactoriamente, o mejor dicho, sustentablemente.

El delicado equilibrio de los bosques

En la actualidad la gran mayoría de los países basan sus políticas económicas, sociales y ambientales en el modelo económico de libre mercado. Este modelo nos muestra que su prioridad es la acumulación y no el reflujo; nos muestra la acumulación de capital y no en la redistribución equitativa de las riquezas, ya sea en dinero o en especie; nos muestra la transformación y la producción excesiva de productos a partir de los recursos naturales, a costa del agotamiento de los ecosistemas y la generación de contaminación del aire, agua y suelos.

Los procesos naturales se basan en un equilibrio regulado por una permanente transformación de la materia y la energía, así tenemos que en un ambiente natural, una parte del bióxido de carbono producido por los seres vivos es absorbida y transformada en oxígeno por las plantas, manteniendo un equilibrio entre la cantidad de bióxido de carbono y de oxígeno existentes en la atmósfera.

Por otro lado, la capa del gas ozono se encarga de filtrar los rayos ultravioleta que vienen del sol, los que si entraran directo a la Tierra no existiría vida. El ser humano está produciendo más humo (bióxido de carbono) que el que pueden absorber las plantas del planeta. Si existe una alteración en este equilibrio las especies vivas corren peligro; por ejemplo, si se termina el alimento o cambia la temperatura, puede ser motivo de que una especie se extinga.

Las actuales leyes de mercado consideran el precio de la materia prima y todos los demás procesos que permitirán poner un producto a la venta, sin embargo estas leyes no consideran el costo y los esfuerzos que permiten que exista esa materia prima.

Pongamos como ejemplo al agua, este elemento es utilizado en la elaboración o procesamiento de prácticamente cualquier producto. Muchas industrias no se preocupan de los costos que requirieron la na-turaleza y los comuneros que habitan estas zonas para que existiera un bosque capaz de retener y filtrar el agua que se deposita en los mantos acuíferos que abastecerán los ríos, los cuales surten la demanda de agua de los centros poblacionales y la industria.

Esta situación ha sugerido como tema de discusión el concepto de servicios ambientales, en donde se le pone un costo al servicio que dan los bosques para que sigan existiendo los elementos que mantienen la vida en el planeta. Los bosques se encargan de recargar los mantos acuíferos, absorben bióxido de carbono y producen oxigeno, permiten la regulación de los fenómenos naturales y mantienen la biodiversidad. Esta nueva visión ha generado un debate en torno a los servicios ambientales pues existen muchos intereses en torno a los bosques.

En México los bosques y selvas son del interés de la gente que los habita por ser su nicho de supervivencia, ya que un 80 por ciento son propiedad de pueblos indígenas y campesinos1. Son del interés de las ciencias biológicas, por ser el depósito genético de la vida, en donde gran cantidad de especies están en peligro de extinción. Son del interés de las ciencias sociales por la gran cantidad de diversidad cultural ahí existente. Son del interés de las poblaciones urbanas, pues son su abasto de oxígeno, agua, recursos energéticos y material de construcción.

También del interés de empresas químicas y farmacéuticas por ser el depósito y origen de sustancias y principios activos para la elaboración y venta de medicamentos y sustitutos alimenticios, así como principios genéticos. Del interés de empresas made-reras e hidroeléctricas, de petroleras y mineras por las reservas minerales que se encuentra en el subsuelo.

Son del interés de ganaderos, dada la superficie potencial para pastizales que ocupan estos ecosistemas, y del interés de las políticas hacendarías por los impuestos que generan las empresas.

Es en este punto en donde las acciones humanas (manifestadas o no en leyes escritas) tienen que lograr un equilibrio que conserve el bosque y los pueblos que los habitan tengan una vida digna, para que las poblaciones vecinas, las grandes ciudades y la industria, tengan garantizado su abasto de agua potable y entonces sí las leyes sociales, económicas, políticas y ambientales, sean un buen ejemplo para la formación de nuestra cultura ambiental.

1) Merino, Leticia y David B. Bray, 2002, Los bosques comunitarios
de México, logros y desafíos, Semarnat, Ford Foundation, FIU, Conafor, CMS, Forest Trends IIS, CIDE, Mex.

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