Legislación Ambiental

En remediación de suelos falta vinculación institucional

En materia de biorremediación de suelos, en México las cosas se están haciendo de la manera correcta, pero aún falta que se dé una mayor vinculación entre las autoridades y organismos involucrados y responsables de tales acciones.

Por principio de cuentas, es importante resaltar que todos los problemas de contaminación o de alteración de las aguas subterráneas, en un gran porcentaje, tienen su origen en los suelos contaminados, señaló a Teorema Susana Saval, del Instituto de Ingeniería de la UNAM, especialista en caracterización y biorremediación de suelos y acuíferos contaminados.

Se necesita concebir el problema de la contaminación como un todo, como un sistema suelo-agua, de tal suerte que hoy en día si existe una afectación a las aguas nacionales, interviene la Comisión Nacional del Agua (Conagua), pero si la contaminación está en el suelo, entonces es competencia de la Dirección General de Gestión Integral de Materiales y Actividades Riesgosas (Degegimar), entidad dependiente de la Semarnat.

En el deterioro de los suelos, es fundamental distinguir entre degradación natural o antropogénica. La degradación natural puede ser consecuencia de una pérdida de vida biológica, por falta de nutrientes o por suelos degradados de manera natural. La degradación antropogénica es la causada por la actividad industrial del hombre, es decir, por contaminación.

Diferentes criterios

Las normas que se han elaborado en México son el resultado de diferentes enfoques y criterios aplicados para el problema de la degradación de suelos. Así por ejemplo, la Norma Oficial Mexicana NOM-EM-138-2002 está enfocada a la remediación de suelos por contaminación de hidrocarburos.

Otra norma importante es la NOM-133-ECOL 2000, que establece los límites permisibles de metales que puede tener un suelo, sobre todo en cuanto a los binefilopoliclorados. Por su parte, la NOM-021-RECNAT 2000, es un buen intento por plasmar especificaciones sobre fertilidad, salinidad y clasificación de suelos.

Sin embargo, la doctora Saval criticó al sector oficial por utilizar la palabra restauración, ya que a su juicio no es la adecuada, porque se aplica mejor a lo que son edificios. Ella sugiere que sería mejor aplicar el concepto de remediación, cuando se refiere a saneamiento y recuperación, cuando se trata de rehabilitación.

Para la investigadora, dos aspectos han sido determinantes en cuanto al avance de la conciencia ecológica y la remediación de los problemas de contaminación. Por un lado, hay que mencionar la decisión de la Procuraduría Federal para la Protección del Ambiente (Profepa) de contemplar en la Ley General de Equilibrio Ecológico que quien contamina paga y, por otro lado, la participación de las comunidades que al detectar algún lugar o problema de contaminación, de manera inmediata avisan a las autoridades.

Rápidas reacciones, problemas menores

La Profepa es una institución que actúa de manera rápida y oportuna en dos sentidos: levantando un acta en la que se especifica la multa que debe pagar el contaminador (esta sanción depende de la magnitud de los daños ocasionados) y dicta medidas de urgente aplicación, para evitar que el problema sea mayor.

Por su parte, el contaminador se ve obligado a pagar la multa, a contratar los servicios de una empresa de consultoría (que es la que le indicará cuáles son las necesidades de remediación) y llevar a la práctica tales recomendaciones.

Pero el trabajo de la Profepa no termina ahí, sino que se abre un expediente sobre el problema y la institución realiza una cantidad indeterminada de visitas al sitio contaminado hasta que éste llegue a tener concentraciones por debajo de las normas.

Saval destacó que una zona con grandes problemas de contaminación de acuíferos es el Valle del Mezquital, debido a que ahí se riegan los cultivos con aguas negras, provocando graves enfermedades gastrointestinales. Estos males no ocurren cuando las aguas superficiales y subterráneas son contaminadas por hidrocarburos, ya que es fácil detectar el estado anormal del vital líquido por su mal olor.

Pero a la contaminación por metales como el plomo, arsénico o cadmio, hay que ponerle mucha atención porque cuando afecta al agua, ésta no expide ningún olor. Un químico al que hay tratar con sumo cuidado es el ácido sulfúrico, porque éste provoca destrucción total de suelos y acuíferos.

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