Legislación Ambiental

Detener apertura comercial: grito campesino

Los campesinos mexicanos se robaron el último día de enero. Llegaron desde sus comunidades a la ciudad de México para exigir la revisión del capítulo agropecuario establecido en el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá. Realizaron una marcha que será recordada por su civilidad y por convertirse en una manifestación contundente contra la apertura comercial y la política agrícola que los gobiernos de ayer, y el de hoy, han aplicado en nuestro país.

Tractores rudimentarios, simbólicos caballos, sombreros de paja y huaraches de cuero agrietado por la tierra, avanzaban por el asfalto del corazón de México. En esta urbe donde la mano de obra campesina es casi invisible, y, sin embargo, se hace presente en los productos agrícolas que se expenden en mercados, supermercados, la Central de Abasto y los grandes centros comerciales.

Y es que somos un pueblo nacido del maíz y los campesinos sobrevivientes de una cultura que se niega a desaparecer; una clase que financió la industrialización de México, anotaría más tarde, ante unas 100,000 almas de campiranos, obreros, estudiantes y artistas que se concentraron en el Zócalo capitalino, Alberto Gómez, dirigente de la Unión Nacional de Organizaciones Regionales Campesinas Autónomas (UNORCA).

Antes, las columnas, los rostros de piel partida por el sol, que buscaban respuestas a los problemas de sus comunidades, caminaron por las avenidas, donde se observaban puestos de ambulantes que ofertaban relojes chinos, estuches para celulares, fritangas y refrescos. Las mantas expresaban las demandas de los productores agrícolas: “Exigimos revisión al Tratado de Libre Comercio agropecuario”, “Salvemos al campo” o “El campo no aguanta más”.

A su paso fueron sembrando curiosidad entre los capitalinos, que a diferencia de otras veces vieron con cierta simpatía el desfile de campesinos, quienes desesperados por los bajos precios que reciben por sus cosechas y la ausencia de políticas de gobierno que los apoyen, marcharon firmes por la ciudad.

Hay que poner un alto a Estados Unidos y Canadá –expresaba una persona que observaba la llegada de la marcha en Eje Central y Madero.

Otros gritos de protesta fueron contra la incapacidad del gobierno del presidente Vicente Fox y el encargado de la Secretaría de Agricultura, Javier Usabiaga, para resolver los problemas del campo. Este último, recordaron los manifestantes, incluso ha advertido que si los agricultores no son productivos mejor se dediquen a otra cosa.

El hormigueo de marchantes partió del Ángel de la Independencia, pero las columnas se extendieron por todo Paseo de la Reforma, continuaron por Avenida Juárez para después ingresar por las calles de Madero y 5 de Mayo hasta el ombligo de México, donde durante horas continuó el ingreso de manifestantes.

En el estrado comenzó la pasarela de dirigentes campesinos y obreros. Muchas caras ya conocidas, y algunas eternizadas en sus dirigencias: Rafael Galindo, coordinador en turno del Congreso Agrario Permanente (CAP); Alfonso Ramírez Cuellar, de El Barzón; Álvaro López Ríos, de la Unión Nacional de Trabajadores Agrícolas (UNTA); Max Agustín Correa, de la Central Campesina Cardenista (CCC); el líder telefonista Francisco Hernández Juárez y Víctor Suárez, del emergente El Campo no Aguanta Más. Una ausencia notable fue la de Heladio Ramírez López, dirigente de la Confederación Nacional Campesina (CNC), considerada la más numerosa del país.

Todos los oradores coincidieron en la necesidad del salvar al campo mexicano de la crisis que lo agobia desde hace más de 20 años y de revisar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, pues el agro ha sido el perdedor con la apertura comercial. Reprocharon que los gobiernos en turno sólo se acuerden de los campesinos en periodos electorales, porque dijeron “luchamos por seguir siendo sembradores de la tierra y no queremos ser un ejército de las migajas oficiales”.

Los agricultores salieron a las calles y expusieron sus razones para revisar ese tratado comercial con América del Norte que, según ellos mismos, los ha puesto de cabeza. Y es que para los campesinos –como lo dijo un orador– la esperanza del campo mexicano no está en McDonald’s ni en Pilgrim’s ni en Cargill’s; sino en Esperanza, María y Pedro, como se llaman los habitantes del sector rural mexicano…

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