Legislación Ambiental

Crece control de transnacionales en sector agroalimentario mexicano

La presencia de las empresas transnacionales estadounidenses en el sector agroalimentario se ha consolidado a tal grado que hoy en día representan aproximadamente 80 por ciento del total en nuestro país.

Así, estos grandes consorcios controlan la producción de sopas, frutas y verduras en conserva, café soluble, leches procesadas, productos lácteos, chocolate, bebidas y también la elaboración de productos de alimentación animal.

«Todo ello ha provocado profundos cambios en el sector agroalimentario mexicano», afirman los investigadores Beatriz Cavallotti Vázquez, profesora-investigadora del Departamento de Zootecnia, Universidad Autónoma Chapingo; Ignacio Covarrubias Gutiérrez, Ema Maldonado Simán, Tayde Morales Santos, miembros del PIAI-CIESTAAM, UACh; y Myriam Sagarnaga Villegas, profesora-investigadora del CIESTAAM.

En su estudio Las empresas transnacionales en el sector agropecuario mexicano, estos especialistas señalan que con la incursión de estos grandes consorcios los cambios más contundentes se dieron en la avicultura, «cuyo sistema de producción cada vez se asemeja más a los procesos fabriles».

Al respecto, indican que el empleo de la nueva tecnología implicó altos costos de producción, pero a su vez incrementó la productividad, con lo que se dio en el país una notable concentración de la producción y el desplazamiento de los pequeños y medianos productores por grandes empresas avícolas, siendo la más destacada la empresa Bachoco.

«A pesar de que estas empresas tienen un alto grado de integración vertical y horizontal, crecieron con una gran dependencia tecnológica, precisamente hacia las empresas transnacionales productoras de insumos, como antibióticos, vacunas, estimulantes del apetito y de la productividad, y particularmente del material genético», exponen en su investigación.

En cuanto a la ganadería, las grandes transformaciones en la forma de producir se dieron también en la porcicultura y en la ganadería estabulada y semiestabulada para la producción de leche y carne. En el caso de la ganadería extensiva para la producción de carne las consecuencias fueron menores.

Un elemento muy importante, observan los investigadores, es que las transnacionales, por regla general, no asumen los riesgos de la producción, fundamentalmente en el ámbito agrícola.

Estas empresas se orientaron al procesamiento de los productos alimenticios, o bien a su empaque y    refrigeración o congelación. Para ello, en México adoptaron la modalidad de la «agricultura de contrato» con productores que dispusieran de infraestructura adecuada para ofrecer cultivos demandados por la industria y con capacidad económica y técnica para emplear tecnología moderna.

Es una práctica común que las empresas transnacionales proporcionen al productor los insumos, tecnología y, en algunos casos, maquinaria, como adelanto, a cambio de la cosecha que se obtenga. Así, supervisan todo el proceso productivo mediante sus propios técnicos, establecen qué fertilizantes, pesticidas, herbicidas emplear y cuándo utilizarlos. En el caso de la maquinaria, también pueden proporcionarla en forma de alquiler.

En el sector pecuario, las transnacionales se orientaron a la producción de ciertos insumos, como vacunas, medicamentos, estimulantes del apetito, alimentos balanceados, etcétera. El crecimiento de la industria de alimentos balanceados influyó de manera importante en la producción cerealera del país, ya que hubo un desplazamiento de los cultivos para la alimentación humana por los de la alimentación animal.

La penetración de transnacionales en el sector agroalimentario ha fomentado el empleo de insumos industriales y la mecanización de los procesos de producción de la agricultura, con lo cual también se ha desplazado fuerza de trabajo asalariada.

Cambios en el mercado y en la distribución del ingreso

Con la penetración de las transnacionales se incrementó la oferta de ciertos productos agrícolas y agroindustriales en el mercado nacional, en detrimento de otros artículos tradicionales. Así, hubo cambios en los hábitos de consumo, generalizándose la ingestión de comidas «rápidas», productos enlatados o congelados, así como alimentos instantáneos y los alimentos llamados «chatarra».

Los sectores favorecidos por el proceso de transnacionalización del sector agropecuario fueron las propias transnacionales, las empresas nacionales que pudieron «imitar» las formas de operar de estas empresas y los productores agrícolas o pecuarios económica y técnicamente capaces de emplear la nueva tecnología o bien de adecuarse a las condiciones de producción de las transnacionales. Esto generó cambios en la distribución del ingreso del sector agropecuario y un proceso de polarización social, donde en un extremo se ubicaron quienes se pudieron integrar a este proceso y en el otro quienes no pudieron hacerlo.

Con la polarización social de los productores se favoreció también una concentración de la propiedad rural privada, quedando los productores ejidales al margen de este fenómeno.

La penetración de las empresas transnacionales en el sector agroalimentario mexicano se ha dado principalmente por la vía de la contratación mercantil de la tierra con los propietarios o poseedores de la misma, tanto de propiedad ejidal como comunal, reduciendo así al mínimo el riesgo de sus inversiones.

¿Normas de inocuidad o proteccionismo?

La disminución de aranceles y cuotas ha presionado a las empresas transnacionales a buscar nuevos mecanismos que frenen el comercio internacional. Tal es el caso de las normas de calidad e inocuidad, las cuales se están convirtiendo en una nueva barrera comercial.

Los gobiernos de los países han adoptado leyes y normas que pretenden proteger al consumidor. Se cree que las grandes transnacionales son las precursoras de estas reformas, dado que de acuerdo con el capital y tecnología que se requiere para darles cumplimiento, son únicamente ellas las que pueden hacerlo, por lo que las empresas pequeñas y medianas, incapaces de adoptar esta tecnología, se ven obligadas a salir del mercado.

En México, sólo las grandes empresas, transnacionales, nacionales y extranjeras, paraestatales y algunas de las medianas empresas, han realizado adaptaciones en sus sistemas productivos para satisfacer estándares internacionales. Dichas adaptaciones se han realizado básicamente para satisfacer mercados de exportación, ya que los mercados nacionales aún no las demandan.

El sistema de inocuidad más riguroso es el HACCP (Sistema de Análisis de Riesgo Puntos Críticos de  Control), el cual se exige a todos los    productos en Estados Unidos. La aplicación de éste no es un requisito para     exportar a la Unión Europea, Japón y    Corea. Muy pocas empresas en México cuentan con él. Específicamente, la industria cárnica mexicana registra 160 empresas TIF, de las cuales únicamente 36 aplican dicho sistema.

Por ahora esto no es una limitante para que los alimentos circulen en nuestro mercado. Sin embargo, se cree que en el mediano plazo, conforme las transnacionales se irán apoderando del mercado, los principales distribuidores al menudeo (tiendas de autoservicio, hoteles y restaurantes), exigirán este sistema como requisito que deben cubrir los productos que expenden, con lo cual se crearán nichos de mercado que podrán ser cubiertos exclusivamente por las empresas con el sistema HACCP, y las empresas que no cuenten con él serán desplazadas del mercado.

Por ello se considera necesaria la aplicación de programas gubernamentales que estimulen a la industria a adoptar este sistema, el cual, si bien no tiene por sí solo el poder de incrementar las exportaciones, sí impedirá que sean vetadas por no dar cumplimiento a barreras no arancelarias.

Situación mundial y nacional

Uno de los mecanismos de expansión más empleados por las multinacionales en los últimos años es la fusión o adquisición de empresas y la formación de alianzas estratégicas, que se incrementaron a partir de 1990.

En 1999, Estados Unidos tenía 66 por ciento de las 50 más grandes compañías del mundo e ingresos de 71.8 por ciento de un total de 6,822.5 millones de dólares; le seguían en importancia el Reino Unido (10 y 8.7 por ciento), Japón (6 y 7 por ciento), Suiza (6 y 3.6 por ciento), Alemania (4 y 2.9 por ciento), Francia (2 y 1.2 por ciento) y otros países (6 y 4.8 por ciento).

Por otro lado, las 200 compañías multinacionales más grandes del mundo aportan más de 25 por ciento del PIB mundial y sus ingresos son mayores que el producto de los 150 países no miembros de la OCDE, a partir de 1992.

Las empresas alimentarias transnacionales presentan un comportamiento similar, donde 5 países concentran 91 por ciento de los ingresos totales y 82 por ciento de las empresas, con Estados Unidos a la cabeza, con 47 por ciento de los ingresos y 50 por ciento de las compañías.

Las macroagroindustrias mexicanas han entrado a la dinámica de globalización, por lo que su comportamiento económico es diferente al resto de las agroindustrias. De 1988 a 1996 la dinámica de crecimiento económico fue muy alta, en comparación con la gran mayoría de las industrias y la brecha cada vez es más amplia.

El surgimiento de las empresas transnacionales constituye una de las tantas manifestaciones de la necesidad de valorización y reproducción ampliada del capital que requiere rebasar sus fronteras en busca de nuevas áreas de inversión y nuevos mercados.

Así, el capital se vuelca a las naciones donde existe cierto nivel de desarrollo y encuentra mano de obra, materia prima y tierras «baratas» y donde el Estado es capaz de generar la infraestructura suficiente para el despliegue de estas empresas.

De esta manera, las actividades extraterritoriales se convierten en el elemento determinante en la producción, distribución y monto de las ganancias y de la acumulación de las empresas multinacionales y su poder de dominación radicará en el control de la tecnología estratégica y del capital financiero.

Con la apertura económica y la mayor articulación e integración de la economía mundial, se han creado condiciones más favorables para la expansión mundial de estas empresas, las cuales inciden en los diferentes ámbitos de la producción.

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