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Energía

Energía renovable para una economía circular: Ellen MacArthur

Tansy Robertson-Fall, redactora jefa de la Fundación Ellen MacArthur, comparte este artículo sobre las energías renovables que deben formar parte de la solución al cambio climático

Ciudad de México, 12 de mayo de 2022.— El sector de las energías renovables promete aprovechar fuentes de energía ilimitadas, al mismo tiempo que lucha contra la contaminación y el cambio climático. Sin embargo, los materiales necesarios para capturar y almacenar esta energía son finitos. A medida que el sector se amplía, las infraestructuras renovables diseñadas dentro de un sistema lineal de “tomar-hacer-desperdiciar” podrían contribuir a las emisiones de gases de efecto invernadero y a la pérdida de biodiversidad. Para evitar que esta solución se convierta en un problema, la infraestructura de las energías renovables debe construirse basada en una economía circular.

No hay duda de que las energías renovables deben formar parte de la solución al cambio climático. Tras la celebración en Glasgow de la COP26 (Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático), muchos países se comprometieron a cumplir el reto de lograr cero emisiones de carbono para 2050 por lo tanto la infraestructura de energías renovables debe crecer rápidamente y de una manera eficiente.

La nueva capacidad eólica terrestre instalada en 2020 fue el doble de la instalada en 2019 y Estados Unidos, Europa, China y otros países han establecido planes para aumentar la inversión en energías renovables, aspecto que se ha acelerado aún más debido a la reciente invasión de Rusia en Ucrania. Sin embargo, aunque es vital para lograr la ambición de alcanzar cero emisiones netas, el sector de las energías renovables no está exento de desafíos. Se calcula que en 2050 habrá 43 millones de toneladas de residuos de palas de aerogeneradores y hasta 78 millones de toneladas de residuos de paneles solares y que se alcanzará la cantidad de dos millones de toneladas anuales de residuos de baterías de iones de litio en 2030.

Este inevitable despilfarro es el resultado de las decisiones en cuanto al diseño de materiales centradas en dos factores principales: la producción de energía y el costo, elecciones que han permitido a las energías renovables competir con una industria bien establecida de combustibles fósiles.

La capacidad de un aerogenerador individual se ha duplicado con creces en los últimos diez años, lo que ha reducido el costo de la energía eólica, mientras que el progreso del diseño de paneles solares, junto con otras políticas que apoyan a la industria, ha dado lugar a soluciones que son “más rentables que la energía del carbón y del gas en muchos países”, de acuerdo con la Agencia Internacional de la Energía (AIE). Para los proyectos que son posibles gracias a una financiación de bajo costo y explotando recursos de alta calidad, “la energía solar fotovoltaica representa actualmente la fuente de electricidad más barata de la historia”.

Se trata de una gran noticia para la industria y para los países que tratan de reducir sus emisiones de carbono. Sin embargo, estas mismas opciones de diseño han hecho que la reutilización y el reciclaje de los componentes sea difícil y poco rentable, incluidas las palas de los aerogeneradores fabricadas con compuestos de fibra de vidrio de bajo valor, lo que significa que están destinados a los vertederos o a las incineradoras.

La actual cadena de suministro de energías renovables tiene efectos negativos

Desgraciadamente, las repercusiones de esto van mucho más allá de los residuos. El sector de las energías renovables es intensivo en materiales. Cada turbina eólica, por ejemplo, está hecha de grandes cantidades de acero, hierro, fibra de vidrio, cobre y aluminio (entre otros materiales), erigida sobre una base de hormigón. Las posibles repercusiones negativas de esta clase de materiales a medida que la industria crece son significativas. La extracción y producción de materiales y componentes industriales clave tienen impactos ambientales y sociales asociados. Sólo la fabricación de cemento produce dos mil 200 millones de toneladas de dióxido de carbono (CO2) al año, el 8 por ciento de las emisiones mundiales de CO2. Mientras tanto, por cada tonelada de cobre extraída se emite más de una tonelada de CO2. Además, la extracción de estos materiales pone en peligro la biodiversidad mundial, causando la extinción de especies locales y los daños medioambientales en un área 20 veces más grande que las propias minas.

El abastecimiento de materiales en la economía: un buen punto de partida

Construir el sector de las energías renovables de manera que minimice la extracción de recursos finitos, limitar los riesgos empresariales y reducir los impactos negativos sobre el clima, la biodiversidad y la sociedad, requiere el uso de materiales reciclados. Este es uno de los principios fundamentales de la economía circular. La recuperación de materiales de teléfonos móviles desechados, por ejemplo, puede proporcionar una fuente de metales valiosos, incluido el indio, un componente vital de muchos paneles solares. El aprovechamiento de estos materiales existentes en la llamada “minería urbana “podría reducir considerablemente las emisiones de gases de efecto invernadero relacionadas con la extracción y la producción.

Aunque solo se reciclan 8.5 millones de toneladas de cobre al año, al utilizar filamento de cobre reducimos las emisiones de CO2 en un 65 por ciento. Del mismo modo, el uso de acero reciclado, que representa el 50 por ciento de la huella de carbono de un aerogenerador, podría reducir las emisiones de CO2 en torno a un 60 por ciento en comparación con el uso de acero fabricado con materias primas vírgenes. El uso de materiales secundarios también podría evitar la minería extractiva en zonas ricas en biodiversidad, como es el caso de países como Brasil y Australia, que en conjunto albergan más de mil 800 especies endémicas de mamíferos, aves y anfibios, pero que también llevan a cabo extensas operaciones mineras. Para alcanzar el próximo objetivo de biodiversidad —declarado en la reciente COP de Kungming— de “proteger y conservar el 30 por ciento de las zonas terrestres y marinas” para 2030, será necesaria esta prevención.

Fotografías cortesía de Ellen MacArthur

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