Energía: la clave rumbo a Copenhague

Share on Facebook0Tweet about this on TwitterShare on Google+0Share on LinkedIn0Print this page

Y mientras tanto, las negociaciones parecen seguir estancadas, ante las posturas encontradas de los países desarrollados y los países en desarrollo. El principal punto de discusión radica en definir puntualmente cuál es el deber de cada país dentro de la lucha contra el cambio climático dentro del principio de “responsabilidades comunes pero diferenciadas”, tal como se acordó durante la cumbre de Bali.

Por un lado, las potencias globales buscan que los países en desarrollo asuman metas de reducción de emisiones precisas, cercanas a 50 por ciento para 2050, tal como lo propuso recientemente el Grupo de los Ocho (G-8) durante la reunión de jefes de Estado celebrada en L’Aquila, Italia.

En contraparte, los países en desarrollo buscan que sean las potencias las que asuman una “responsabilidad histórica” del problema, pues argumentan que el fenómeno del cambio climático no es nuevo, sino que se ha venido gestando en los países altamente desarrollados desde el inicio de la Revolución Industrial, en el siglo XIX. Otro argumento es el consumo per cápita, es decir, el consumo por habitante derivado del gasto total de energía de los países y sus respectivos tamaños de población.

El caso de China y Estados Unidos ejemplifica a la perfección esta problemática. Aunque datos recientes señalan que las emisiones netas de China ya han rebasado a las de EU, un ciudadano chino emite casi cinco veces menos que un estadounidense promedio. Sin embargo, ambos países son responsables de 40 por ciento de todas las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel mundial, de acuerdo con información de la Agencia Internacional de Energía.

Por ello, la actuación de estas dos potencias definirá un gran porcentaje de las negociaciones de Copenhague, ya que ningún acuerdo internacional será efectivo si no se suman tanto chinos como estadounidenses. Incluso hay expertos en política internacional que han acuñado el término del G-2 para referirse a estas dos naciones, las cuales representan a los países más grandes de ambos bloques.

La imposibilidad de llegar a un acuerdo ha provocado que el desaliento generalizado al término de las reuniones internacionales sea cada vez más común. Así ocurrió en junio pasado luego de la reunión de Bonn, Alemania, donde se pretendía escribir un borrador previo a Copenhague. Se esperaba que durante esta reunión, países como Estados Unidos, Australia, Rusia y Nueva Zelanda definieran sus metas de reducción de emisiones para 2020, algo que finalmente no ocurrió.

Esto provoco que organizaciones ambientalistas como Greenpeace o WWF, denunciaran pasividad, falta de voluntad política y ambición para reducir emisiones en los próximos anos dentro de las negociaciones.

Pese a que todavía habrá que esperar lo que ocurra en las reuniones de Bangkok y Barcelona, que se desarrollarán respectivamente en los meses de septiembre y noviembre, las esperanzas de alcanzar un acuerdo mundial se van disipando lentamente.

“Mientras no se integren países como India o China, se va a lograr muy poco. No se van a dar los acuerdos que estamos esperando”, señala Sandra Guzmán Luna, analista de asuntos internacionales del Programa de Aire y Energía del Centro Mexicano de Derecho Ambiental (Cemda).

“Lo que sí habrá son avances en temas como adaptación, financiamiento y cuestiones de red, que tienen que ver con bosques, pero serán acuerdos muy pequeños en comparación con lo que se ha estado especulando”, puntualizó la experta en relaciones internacionales, quien ha seguido de cerca las negociaciones.

  • Etiquetas

  • www.teorema.com.mx/colaboraciones/energia-la-clave-rumbo-a-copenhague/6/