Energía: la clave rumbo a Copenhague

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Un caso concreto de esto es lo que ocurre en China. A pesar de que en la actualidad el gigante asiático es el cuarto país en generación de energía renovable, sus emisiones se han incrementado velozmente hasta alcanzar un crecimiento de 11 por ciento anual de 2004 a 2007, según estudios de la Universidad de California, una cifra muy cercana al nivel de crecimiento que registró la economía china en el mismo periodo.

Si las predicciones son correctas, el gigante asiático podría aumentar sus patrones de consumo hasta en un 150 por ciento para 2030. Algo que resultaría devastador para el planeta, tomando en cuenta el tamaño de su población, cercana a los mil millones de habitantes.

Las implicaciones políticas

Muchos expertos coinciden en que la transición energética hacia fuentes limpias ya ha dado sus primeros pasos, gracias a lo que parece ser un inminente agotamiento de los combustibles fósiles.

De acuerdo con diversos estudios realizados por geólogos petroleros como Colin Cambell, Kenneth Defferyes y L. F. Ivanhoe, el pico mundial en la producción petrolera se alcanzará antes del año 2010. Algunos más optimistas, como Thomas Magno, sugieren que el punto máximo podría alcanzarse hasta 2020. Sin embargo, todos ellos coinciden en que a mediano plazo, el petróleo dejará de ser una fuente redituable debido a que resultará sumamente costoso extraer el petróleo disponible en las reservas existentes.

Pero esto no sólo dará un vuelco a la economía global, sino también a la manera en que se desarrollan las relaciones de poder en el mundo.

Mucho de lo que se discuta en la cumbre de Copenhague servirá para afianzar intereses particulares de los países, los cuales van desde satisfacer su consumo energético hasta la apropiación de nuevas tecnologías que surjan a raíz de la transición energética.

“Creo que la cuestión internacional en materia de energía no está ausente de un ejercicio del poder. Es muy clara la competencia a nivel de las grandes potencias por la apropiación y el acceso a los recursos energéticos presentes y futuros. Esta competencia y el mantenimiento de la hegemonía se vuelven fundamentales en el diseño de la estructura de integración energética”, indicó Rocío Vargas Suárez, doctora en ingeniería energética por la UNAM e investigadora adscrita al Centro de Investigaciones sobre América del Norte.

Durante su intervención en la mesa de debate “Los modelos regionales de la seguridad energética y el desarrollo sustentable”, organizada por la UNAM, la especialista señaló el caso concreto de Estados Unidos como un referente inmediato capaz de explicar la manera en que funcionan estas relaciones de poder, tal como se ha podido constatar claramente con la intervención militar estadounidense en países como Iraq y Afganistán, pues desde un principio, la incursión americana en Medio Oriente persiguió un objetivo claro: asegurarse de fuentes de petróleo que le permitieran satisfacer su alto consumo energético.

Sin embargo, la problemática no es propia de aquella región. Para Vargas, el caso de México y Estados Unidos es otro ejemplo claro de cómo funcionan estas relaciones de poder, pues consideró que la política energética mexicana de las últimas décadas está más enfocada en satisfacer las necesidades energéticas estadounidenses, en lugar de estar orientada hacia un beneficio propio.

Por ello, hay quienes creen que la diversificación de fuentes de energía no sólo podría mejorar las condiciones del medio ambiente, sino también las tensiones internacionales.

“Si los combustibles fósiles no son la única posibilidad energética a nivel mundial, se reducirían notablemente los conflictos internacionales”, expresó la doctora Svenja Blanke, representante de la Fundación Friedrich Ebert en México, quien consideró que el tema energético será una de las prioridades para redefinir la agenda política internacional de los próximos años ante la creciente demanda mundial de energía.

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