Energía: la clave rumbo a Copenhague

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Muchos creen que éste es el secreto para crear un marco regulatorio suficientemente sólido, el cual permita que invertir en el medio ambiente sea un negocio atractivo.

“Los gobiernos deben crear una legislación a largo plazo, coherente y global para limitar las emisiones. Sólo entonces, los inversionistas tendrán la confianza para poner dinero en industrias verdes y en las cantidades necesarias para hacer una diferencia. En la actualidad, existe una resistencia a invertir en este sector debido al riesgo de que la normatividad puede cambiar en cualquier momento”, explica Kevin Parker, director global de administración de activos de Deutsche Bank, desde sus oficinas en la ciudad de Nueva York.

“El requisito más importante de este sistema de regulación es que los gobiernos establezcan un precio al carbono. Hay varias maneras de hacer esto (tales como bonos de carbono o un impuesto), pero el resultado deberá ser el de poner un precio a la contaminación causada por la quema de combustibles fósiles. Esto permitirá al mercado por primera vez establecer el costo real de los combustibles fósiles en relación con las energías renovables”, indica Parker, quien añadió que hasta el momento los bonos de carbono han tenido un impacto limitado en el mercado global.

En la actualidad, la Corporación Financiera Internacional (IFC, por sus siglas en inglés), ha desarrollado una serie de estándares ambientales y climáticos, plasmados en sus Principios Ecuatoriales, destinados a disminuir el impacto de los proyectos financieros en materia de cambio climático.

De acuerdo con información de la consultora New Energy Finance, en 2008 el mundo invirtió un total de 155 mil millones de dólares en energía renovable. La energía eólica obtuvo el mayor nivel de inversión con un monto de 51 mil 800 millones de dólares, seguida por la energía solar, con 33 mil 500 millones. En tercer sitio se ubican los biocombustibles con 16 mil 900 millones.

Sin embargo, para muchos investigadores, todavía no ha quedado claro cuál es el papel que desempeñan instituciones financieras como el BM y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) dentro de la lucha contra el cambio climático. A decir de diversos estudios, estos organismos han jugado con un doble discurso muy poco favorable para el medio ambiente, a pesar de las inversiones que realizan en proyectos de desarrollo sostenible.

Los números resultan contundentes. Se calcula que el BM gasta entre dos y tres mil millones de dólares anuales en proyectos relacionados con la energía fósil, de acuerdo con datos del Bank Information Center. Tan sólo de 1992 a 2004, el BM otorgó 28 mil millones de dólares para la creación de plantas de generación eléctrica y extracción de combustibles fósiles que han tenido un costo ambiental cercano a las 43 mil millones de toneladas de CO2.

Ante este panorama, parece poco probable que la inversión en energía renovable o la aplicación de algún sofisticado instrumento financiero sean la solución de la crisis ambiental si antes no logramos cambiar la manera en que consumimos.

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