Ciencia y tecnología

Labranza de conservación cultivando sin arar la tierra

La labranza mecánica tradicional está contribuyendo a la degradación de suelos, sobre todo en los países tropicales y subtropicales, por lo que una opción para evitarlo es el empleo de la labranza de conservación, que devuelve fertilidad a la tierra, abate costos de producción al incrementar rendimientos, conservar agua y reducir problemas de plagas y enfermedades.

En México la labranza de conservación es una necesidad tecnológica, ya que más de 60 por ciento de nuestro territorio sufre diversos grados de desertificación que van de moderado a severo. El país pierde anualmente 530 millones de toneladas de suelo por erosión, según autoridades ambientales. Otras investigaciones refieren que la pérdida de suelo por ciclo agrícola llega a ser de 27 kilogramos de suelo por kilogramo de maíz grano en la región de los Tuxtlas en Veracruz, bajo sistemas tradicionales de producción.

El estudio La labranza de conservación en México y apoyos de FIRA para su adopción, define a este modo de cultivo como «un sistema de producción que consiste en el uso y manejo de los residuos de la cosecha anterior de tal forma que cubra al menos 30 por ciento de la superficie del suelo (mantillo), con la menor remoción posible del suelo».

El principio fundamental de la labranza de conservación es la cobertura o mantillo del suelo con los rastrojos de las cosechas de los cultivos anteriores, los cuales tienen un efecto decisivo en evitar la erosión, disminuir la presencia de malezas, preservar la fertilidad del suelo, principalmente, refiere dicho documento de los Fideicomisos Instituidos en Relación con la Agricultura (FIRA).

Ventajas de la labranza de conservación:

1 ) Reduce la erosión. El mantillo que cubre la superficie del suelo lo protege del impacto de las gotas de lluvia, reduciendo de esta manera en algunos casos hasta cero el proceso de erosión.

2 ) Aumenta la infiltración. La presencia de rastrojos sobre la superficie (2 toneladas como mínimo) permite que el agua se infiltre y esté disponible para cubrir las necesidades hídricas del cultivo en etapas críticas de desarrollo, reduciendo la pérdida de agua por evaporación.

3 ) Conserva la humedad. Al estar cubierto el suelo con el mantillo, los rayos del sol se reflejan evitando que lleguen a la superficie, con lo cual la humedad se conserva más tiempo. Por el mismo efecto, la temperatura del suelo es menor que en la superficie desnuda.

4 ) Mejora control de malezas. No se remueve el suelo, por lo que las semillas enterradas no germinan y la población de las semillas en condiciones de germinación se reduce paulatinamente. Por otro lado, el mantillo sombrea la superficie, por lo que no se presentan las condiciones para la germinación de estas semillas.

5 ) Aumenta materia orgánica. Los rastrojos sobre el suelo le dan al agricultor una oportunidad para incrementar a mediano plazo el contenido de materia orgánica del predio y hacerlo más productivo a un costo bajo por el hecho de devolverle a la tierra un gran porcentaje de los elementos que son extraídos por los cultivos.

6 ) Reduce trabajo. En el caso del agricultor, reduce el trabajo, el tiempo y la energía agrícola; hay menos desgaste de tractores, en consecuencia menos gastos en reparaciones; las cosechas aumentan gradualmente al reducirse cada vez más el consumo de insumos y se elevan las ganancias.

7 ) Beneficia el ambiente. Este sistema de cultivo hace más constante la corriente de los ríos y se restablecen los pozos secos, gracias a una mejor absorción de la lluvia; el agua es más limpia debido a que hay menor erosión e inundaciones, y las contingencias meteorológicas extremas producen repercusiones menores (huracanes o sequías).

Control de plagas y enfermedades

Existe polémica en si la labranza de conservación propicia el incremento de las poblaciones de insectos y patógenos por el hecho de mantener una gran cantidad de residuos vegetales que sirva de hospedero. Sin embargo, por el contrario, experiencias en México y otros países observan la disminución de los problemas ocasionados por plagas y enfermedades.

Este sistema propicia la existencia de fauna benéfica. El ataque del cogollero es 15 por ciento menor en labranza de conservación. El hecho de no remover el suelo evita destruir nidos de hormigas y los rastrojos crean refugios para algunos insectos como hormigas, avispas, tijerillas y otras especies que son enemigos naturales del cogollero.

La gallina ciega es una plaga del maíz que es menos problemática en suelos bajo labranza de conservación, ya que después del cuarto año los daños de ésta son menores. Esto se debe a que en el suelo llegan y se establecen algunos enemigos naturales de la plaga (hormigas, otros insectos, hongos o bacterias).

«El manejo de la labranza de

conservación implica un nuevo

enfoque integral de la agricultura

orientado a la competitividad y

preservación de los recursos,

partiendo de un cambio de mentalidad

para dejar el viejo paradigma del arado»

Cosecha

Prácticamente no existen cambios en el procedimiento de cosecha respecto del sistema tradicional; sólo se recomienda que en caso de que la cosecha sea mecánica, se   coloquen esparcidores en las máquinas cosechadoras con la finalidad de distribuir homogéneamente los residuos, evitando tener franjas de mayor concentración de paja en donde se va a dificultar la siembra ya que la semilla no va ser depositada en el terreno sino en la paja.

Después de un último riego o una última lluvia del ciclo, un terreno con labranza de conservación se pone «a punto» para ser cosechado antes que uno laboreado tradicionalmente.

La agricultura de conservación en el mundo

La agricultura de conservación se practica en unas 45 millones de hectáreas, sobre todo en América del Norte y del Sur (donde pequeños propietarios y grandes agricultores están adoptándola aceleradamente. En algunos estados del Brasil es una política oficial.

Es utilizada en 52 por ciento de las tierras agrícolas del Paraguay, en 32 por ciento de las de Argentina y en 21 por ciento de las de Brasil. Si bien en términos absolutos la superficie más extensa que aplica la labranza está en Estados Unidos, corresponde apenas a poco más del 16 por ciento de la superficie cultivada de ese país.

El índice elevado de erosión de los suelos del África subsahariana, Asia Central y en los países que antes pertenecieron a la extinta URSS hace necesario la aplicación de esta forma de cultivo.

En África se ha adoptado más lentamente y algunas grandes granjas de Sudáfrica y Zimbabwe la están utilizando. En Camerún, Ghana, Kenya, Malawi, Namibia, Tanzania, Uganda, Zambia y Zimbabwe, entre otros países, están en marcha iniciativas para promover la agricultura de conservación entre los pequeños campesinos.

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