Ciencia y tecnología

Importar cebada maltera genera impacto económico y ambiental: INIFAP

La semilla que demanda la industria cervecera desplaza a la cultivada por 50 años en territorio nacional, además requiere más agua y pesticidas, por lo que aumenta costo de insumos

Teorema Ambiental/Redacción

Ciudad de México, 1 de octubre de 2020.- La venta de las cerveceras mexicanas a corporativos extranjeros en la última década ha orillado a los agricultores mexicanos a hacer cambios tecnológicos y agronómicos “masivos y acelerados” en el cultivo de cebada maltera, al sustituir la semilla que han usado por más de 50 años, por variedades importadas de ciclo más largo y susceptibles a enfermedades, como la roya.

Este proceso acarrea problemas de adaptación, mayor requerimiento de agua y hasta tres aplicaciones de fungicidas, lo cual impacta al medio ambiente, los costos de producción y significa, “un riesgo muy alto de pérdidas o ingresos bajos para el agricultor”, advierte el investigador del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP), del Programa de Cebada del Campo Experimental Valle de México, Mauro Zamora Díaz, quien cuenta con cuatro décadas de experiencia en el cultivo y mejoramiento genético de cebada.

Las variedades importadas tardan entre 20 y 35 días más que las variedades de seis hileras liberadas en años recientes por el INIFAP. En la región del Bajío, donde se cultiva bajo condiciones de riego, esta diferencia demanda más riegos de auxilio, cuyo costo implica invertir 700 pesos extra por hectárea. Además, se prolonga el tiempo para cosechar la cebada, se afecta el siguiente ciclo de maíz que, al sembrarse a destiempo, baja en rendimiento alrededor de dos toneladas por hectárea, lo que disminuye el ingreso del agricultor.

El investigador del INIFAP en el Campo Experimental Bajío, Francisco Paúl Gámez Vázquez, agregó que si la industria cervecera demanda sembrar variedades extranjeras de dos hileras, se debería pagar el costo diferencial real.

Solo en Guanajuato se cultivan 50 mil hectáreas de cebada maltera, cuyo costo de producción por hectárea ronda en los 30 mil pesos, con un rendimiento medio de 5.5 a seis toneladas y el precio que se paga es muy bajo. Además, con semilla de ciclo tardío el ahorro en agua es relevante en una zona de escasez de este recurso.

Además se firmó un convenio con el Servicio Nacional de Inspección y Certificación de Semillas (SNICS) con la cervecera transnacional Heineken, enfocado a certificar variedades para la industria cervecera, donde no queda claro qué semilla se utilizará o cuál será el proceso de calificación que se realizará para este fin.

El convenio involucra 25 mil toneladas de semilla certificada para atender una superficie aproximada a sembrar de 150 mil hectáreas de cebada en los próximos ciclos otoño-invierno 2020/21 y primavera-verano 2021.

Sin embargo, para que una variedad pueda ser aprobada en México debe ser evaluada por el gobierno federal, durante al menos tres ciclos consecutivos en las diferentes regiones productoras, medir variables agronómicas, rendimiento, días a floración y madurez, incidencia de enfermedades y calidad, con lo cual debe realizarse un informe oficial de resultados.

“El problema”, coinciden los expertos, “es que si el SNICS aceptó estas variedades en el Catálogo Nacional de Variedades Vegetales (CNVV) entonces ya puede certificarlas, aun cuando no se tiene conocimiento si cumplieron con las evaluaciones necesarias, por lo que se desconoce sus características de calidad de cosecha, rendimiento, costos de producción o adaptación a las condiciones agroecológicas en las regiones objetivo.”

“Además, no se tiene certeza si la cebada importada ingresó como semilla certificada o como grano, dada la variabilidad observada en las parcelas durante ciclos de cultivo recientes; tampoco hay conocimiento de los términos legales y sanitarios (del Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria [Senasica] y SNICS) relacionados con la importación de estos materiales, que garanticen la no introducción de plagas, malezas y enfermedades exóticas a México”, agregaron.

En México se cultivan alrededor de 300 mil hectáreas de cebada grano, que producen cerca de un millón de toneladas. Del área cultivada, se estima que entre 30 y 40 por ciento corresponde a variedades de dos hileras, cuando hasta hace una década era de seis hileras desarrolladas por el INIFAP en su totalidad. Hoy, la producción la absorben las principales cerveceras, Heineken y Anheuser-Bush InBev, precisó Paúl Gámez.

Durante 61 años el INIFAP desarrolló 22 variedades de cebada mejoradas, con resistencia a roya lineal amarilla y de la hoja, con rendimientos de hasta cuatro toneladas por hectárea en temporal y ocho toneladas en riego. Entre las variedades de seis hileras que la industria cervecera usaba están: Esperanza, Esmeralda, Adabella, Armida y Alina, que son de ciclos de cultivo cortos de 100 a 120 días, con tolerancia al ataque de royas, lo que reduce la aplicación de fungicidas.

El INIFAP inició trabajos de investigación para el mejoramiento de cebada maltera de dos hileras en 2007; lo cual surgió como una respuesta a las inquietudes de los grupos cerveceros, entonces nacionales. Hoy, la institución ya cuenta con genotipos adaptados y prometedores; sin embargo, su desarrollo y subsecuentes evaluaciones se han aletargado por limitantes de presupuesto. No obstante, Mauro Zamora expone que algunos materiales están en etapas muy avanzadas y en dos o tres años tendría materiales de dos hileras competitivos para las diferentes regiones de cultivo.

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