Ciencia y tecnología

Hacia nueva normalidad es necesario modificar hábitos alimenticios

Urge revertir la tendencia hacia la obesidad, ya que agrava la situación de pacientes que padecen COVID-19

Teorema Ambiental/Redacción

Ciudad de México, 10 de junio de 2020.— Los productos comestibles ultraprocesados, se han convertido en un grave problema de salud pública en México, ya que su excesivo consumo ha derivado, entre otras cosas, en los altos índices de sobrepeso y obesidad que colocan al país como el segundo a escala mundial, de acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

Por ello, y ante la nueva normalidad, la investigadora Perla Xóchitl León Flores, del Instituto Politécnico Nacional (IPN), urgió a la población a modificar sus hábitos alimenticios para comenzar a revertir esta tendencia.

La profesora en Nutrición en la Escuela Superior de Enfermería y Obstetricia (ESEO) del IPN lamentó que por décadas ha sido permitido el consumo excesivo de este tipo de alimentos con gran cantidad de azúcares, grasa, sodio y calorías, lo que ha provocado grandes cifras de obesidad, y como consecuencia de ello, diversas patologías relacionadas como diabetes, hipertensión y problemas cardiovasculares, que se encuentran entre las diez primeras causas de mortalidad anual en el país, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

“Es una preocupación muy grande, en un país con 75.2 por ciento de población con exceso de peso, sobre todo en este tiempo de pandemia ya que los casos más graves y el impacto de letalidad por COVID-19 es muy alta en quienes tienen diversas comorbilidades relacionadas con la obesidad”, indicó.

Señaló que el virus va a seguir presente por mucho tiempo, por lo que en este regreso a la actividad es necesario procurar un sustento más sano, que fortalezca el sistema inmunológico y optar por grupos de alimentos, ricos en nutrimentos esenciales como es el caso de los cereales integrales y leguminosas o las frutas y verduras que generalmente se olvida incluir.

“Las leguminosas como frijol, lenteja, haba y soya aportan gran cantidad de vitaminas, minerales y proteínas de origen vegetal, cruciales para una adecuada nutrición, además que también proporcionan una buena cantidad de fibra, que contribuye a la formación de una microbiota saludable con múltiples efectos positivos sobre el sistema inmunológico”, detalló.

Antes de la contingencia, con el ritmo de vida que se tenía, la población en general comía más que para nutrirse, para mantenerse activa, pero ahora es necesario adoptar una alimentación correcta, saludable y variada, con gran cantidad de frutas y verduras frescas de temporada, tanto para las comidas principales como para los entremeses, a fin de obtener los nutrimentos necesarios.

“La vitamina C, carotenoides y licopenos son antioxidantes fundamentales para disminuir la frecuencia, duración y severidad de infecciones de vías respiratorias. También es importante tomar en cuenta que para activar la vitamina D en nuestro organismo son necesarios los rayos solares, por lo que es recomendable exponerse a la luz del sol de 15 a 20 minutos diariamente antes del mediodía. Esta vitamina tiene un efecto regulador sobre varios componentes del sistema inmunológico, además que su deficiencia ha sido relacionada a un mayor riesgo de severidad por COVID-19”, alertó.

También recomendó poner especial cuidado en identificar cuando se tiene hambre y cuando se quiere comer algo por ansiedad, para lo cual tenemos que revisar cuánto tiempo ha pasado entre una comida y otra.

“Es recomendable tener tres comidas fuertes y dos colaciones, cada tiempo debe tener un lapso de tres a cuatro horas. Pero si apenas han pasado dos horas, entonces es necesario distraerse y hacer otra actividad o bien tener a la mano alimentos saludables como frutas y verduras bajos en calorías y evitar alimentos ultraprocesados como frituras, pastelitos y galletas”, precisó.

Para propiciar un cambio de hábitos alimenticios la maestra hizo diez recomendaciones básicas a la población:

  1. Planificar los menús y comprar solo lo necesario para evitar el desperdicio;
  2. Realizar un correcto lavado de manos, de alimentos de origen vegetal y de enlatados;
  3. Establecer horarios de comida para no confundir hambre con ansiedad;
  4. Elegir cereales integrales o granos enteros (avena, maíz, amaranto, arroz, trigo) y leguminosas (frijoles, lentejas, garbanzos, habas, chícharos);
  5. Consumir por lo menos cinco raciones de frutas y verduras diariamente;
  6. Preferir alimentos de origen animal bajos en grasa como pavo, pollo o pescado;
  7. Disminuir el consumo de alimentos procesados con poco valor nutricional;
  8. Tener una hidratación adecuada con al menos ocho vasos de agua simple al día;
  9. Al cocinar, preferir asar, hornear, hervir o coser al vapor en vez de freír y evitar grasa sólida (manteca, mantequilla), y
  10. Mantener la actividad física, al menos una hora, para activar el sistema inmunológico.

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