Ciencia y tecnología

Auguran encontrar otro planeta similar a la Tierra

Es sólo cuestión de tiempo antes de que los astrónomos encuentren un planeta semejante a la Tierra orbitando alrededor de una estrella lejana.

Cuando lo hagan, las primeras preguntas que todos se harán serán: ¿Es habitable? Y lo que es aún más importante: ¿Ya hay vida allí? En busca de claves para lograr responderlas, los científicos están observando nuestro planeta hogar, la Tierra.

Los astrónomos Lisa Kaltenegger del Centro Harvard-Smithsoniano de Astrofísica (CfA = Harvard-Smithsonian Center for Astrophysics) y Wesley Traub del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL = Jet Propulsion Laboratory) de la NASA, proponen utilizar la historia atmosférica de la Tierra para comprender a otros planetas.

“Los buenos planetas son difíciles de encontrar”, dijo Kaltenegger. “Nuestro trabajo proporciona los indicadores que los astrónomos deberán buscar cuando estén examinando mundos realmente parecidos a la Tierra.”

Los registros geológicos muestran que la atmósfera terrestre ha cambiado dramáticamente durante los pasados 4,500 millones de años, en parte a causa de las formas de vida que se desarrollaron en nuestro planeta.

Estudiando los gases que formaron parte de la atmósfera de la Tierra a lo largo de su historia, Kaltenegger y Traub proponen que al buscar composiciones atmosféricas similares en otros mundos, los científicos podrán determinar si el planeta posee o no vida, y si la tiene, cuál es la etapa evolutiva en la que se encuentra esa vida.

A la fecha, todos los planetas extrasolares han sido estudiados indirectamente, por ejemplo, monitoreando la forma en que una estrella se bambolea a medida que la gravedad del planeta tironea de ella. Únicamente cuatro planetas extrasolares han sido detectados directamente, y son mundos masivos del tamaño de Júpiter.

La atmósfera de uno de esos otros mundos fue detectada por otro científico de CfA, David Charbonneau, utilizando el Telescopio Espacial Spitzer de la NASA. La próxima generación de misiones con base espacial, tales como el Buscador de Planetas Terrestres (TPF = Terrestrial Planet Finder) de la NASA y el Darwin de ESA serán capaces de estudiar directamente mundos tipo Tierra cercanos.

En particular, los astrónomos desean observar los espectros visible e infrarrojo de planetas terrestres distantes para conocer sus atmósferas. Cada gas en particular deja su firma en el espectro de un planeta, como las huellas dactilares o los marcadores de ADN. Detectando esos signos individuales, los investigadores pueden conocer la composición de una atmósfera e incluso deducir la presencia de nubes.

La atmósfera primitiva de la Tierra de nitrógeno, metano y dióxido de carbono resultaba hostil para la vida tal como la conocemos, pero amistosa para las primeras bacterias amantes del metano. Los astrónomos modelaron la historia de la Tierra para comprender qué signos indicadores buscar en otros mundos. Esta representación artística muestra la Tierra de cuatro mil millones de años atrás, antes de que se hubieran formado los continentes y mientras nuestro planeta sufría todavía el bombardeo de los asteroides y cometas que habían quedado de la formación del sistema solar.

Actualmente, la atmósfera de la Tierra consiste en unas tres cuartas partes de nitrógeno y una cuarta parte de oxígeno, con un pequeño porcentaje de otros gases como dióxido de carbono y metano. Pero hace cuatro mil millones de años, no había oxígeno. La atmósfera terrestre ha evolucionado a los largo de seis épocas diferentes, cada una de ellas caracterizada por una mezcla particular de gases. Utilizando un código computacional desarrollado por Traub y su colega de CfA, Ken Jucks, Kaltenegger y Traub modelaron cada una de las seis épocas de la Tierra para determinar cuáles huellas espectrales serían vistas por un observador lejano.

“Estudiando el pasado de la Tierra, podemos aprender sobre el estado presente de otros mundos”, explicó Traub. “Si se encuentra un planeta extrasolar con un espectro similar al de uno de nuestros modelos, podríamos potencialmente caracterizar el estado geológico de ese planeta, su habitabilidad, y el grado en que ha evolucionado la vida sobre él.”

Para comprender mejor estos periodos, o “épocas”, y para ponerlos en perspectiva, se puede reducir a una escala de un solo año la historia de 4,500 millones de años de la Tierra, ubicando la fecha en que se formó nuestro planeta en el primer día del mes de enero.

Fuente: astrobiologia.astroseti.org

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