Cambio climático

Expertos esperan nuevas nubes de polvo del Sahara en el país

Es un fenómeno recurrente que se ha presentado a lo largo de la historia, existe una alta probabilidad de que se repita de nueva cuenta en los próximos dos meses: Ángel Terán Cuevas, investigador del IPN

Teorema Ambiental/Redacción

Ciudad de México, 22 de julio de 2020.— Las nubes de polvo provenientes del desierto del Sahara que llegaron a costas de América, incluidas las de México, son un fenómeno natural recurrente y que ahora son más visibles por el uso de las imágenes satelitales, aseguró Ángel Refugio Terán Cuevas, investigador del Centro Interdisciplinario de Investigaciones y Estudios sobre Medio Ambiente y Desarrollo (CIIEMAD) del Instituto Politécnico Nacional (IPN).

Sobre este fenómeno meteorológico, el experto señaló que existe una alta probabilidad de que en los próximos dos meses se genere otra extensa nube de polvo que cruce el Atlántico, desde el norte de África, ya que estamos en un periodo en el que suelen presentarse este tipo de fenómenos atmosféricos y la intensificación de los vientos alisios puede provocar su llegada.

Agregó que estos fenómenos se deben a la circulación de vientos que se intensifican y permiten el transporte de estas partículas hacia otras partes del mundo. En este caso esta arena proviene del océano Atlántico y, por su intensidad, creó fuertes nubes de partículas en las islas del Caribe, Centro y Sudamérica, así como el sur de EEUU.

El investigador subrayó que estas nubes de polvo se han registrado por los vientos alisios que vienen del este y se intensifican en los meses de junio a agosto. Soplan entre los trópicos y parten de zonas subtropicales de alta presión con rumbo a regiones ecuatoriales de baja presión.

Comentó que las nubes de polvo no siempre llegan a territorio firme, sino que se quedan en el océano, o en años como este, la nube de polvo recorrió aproximadamente diez mil kilómetros.

“Afortunadamente la resolución de los satélites como el satélite meteorológico GOES-16, cuya repetición de imágenes es cada cinco minutos, nos permitió monitorear la trayectoria de esta nube de polvo desde su origen hasta su desplazamiento en el océano Atlántico. Hay que recordar que del 20 por ciento de flujo de arena que se provoca en el Sahara, solamente un 4 por ciento es el que se deposita en el Atlántico o llega a transportarse hasta el continente americano”, abundó.

Sin embargo, no considera que este fenómeno sea del todo negativo pues el polvo trae partículas de hierro, que ayuda a nutrir la tierra para la agricultura, aunque también sirve para nutrir al sargazo que se encuentra en el océano.

“La tecnología satelital junto con los modelos de pronóstico (como el europeo) permiten predecir el movimiento de las nubes de polvo, que al lograr una altura importante podrían alcanzar vastas extensiones de territorio y llegar a las grandes ciudades”, apuntó.

Indicó que también por el flujo de arena que llega a las ciudades algunas personas pueden presentar irritación en los ojos y fosas nasales. En el caso de la Ciudad de México, señaló que entre estos polvos se puede encontrar la ceniza volcánica emanada del Popocatépetl. “Es necesario estar atentos a la información que emita el Sistema Meteorológico Nacional (SMN) y a las instituciones encargadas de medir la calidad del aire en la Zona Metropolitana del Valle de México, para que la población esté prevenida ante cualquier eventualidad”, acotó.

Dentro del polvo que llega a las zonas urbanas, reiteró, hay que estar atentos a las partículas PM2.5, que son muy pequeñas y pueden provocar afecciones a la salud de personas de edad avanzada que padecen enfermedades crónicas en vías respiratorias o pulmonares.

Por su parte, la científica y coordinadora de posgrado en estudios ambientales y de la sustentabilidad del CIIEMAD, María Eugenia Gutiérrez Castillo, señaló que el polvo del Sahara contiene aluminio, silicio y una importante cantidad de hierro, además de otros compuestos.

“Por el simple hecho de viajar por el mar se adicionan aerosoles marinos que están hechos de cloro de sodio. Por eso se considera que al caer en el mar o llegar al suelo se convierte en un excelente fertilizante”, concluyó.

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