Biodiversidad

La realidad del asbesto

Durante toda la vida de la humanidad, el asbesto ha estado siempre presente en la naturaleza, pues este mineral se encuentra en cualquier punto del planeta.

Las palabras asbesto o amianto designan a un grupo de fibras minerales que contienen silicatos hidratados y que al cristalizarse formaron vetas en las rocas ígneas y metamórficas.

Debido al proceso de erosión en la naturaleza, el asbesto se encuentra disperso tanto en el aire que respiramos como en el agua que bebemos. Aun deteniendo toda la actividad industrial asociada con el asbesto, encontraríamos un cambio minúsculo en cuanto al volumen de fibras que existen en el ambiente general.

Aplicaciones del pasado

No hay duda de que con el empleo del asbesto en épocas anteriores, nuestros antepasados pretendieron aprovechar las fabulosas características de este mineral para beneficio de la humanidad. Sin embargo, debido a la falta de conocimiento, estas aplicaciones se realizaron en algunos casos por aspersión o por otros métodos, que dejaron la fibra libre y con la posibilidad de dispersarse en el ambiente y, por lo tanto, representó riesgos a la salud de los trabajadores y de los usuarios.

Estas aplicaciones, a la postre, fueron la causa de la gran satanización que ha sufrido el asbesto. De igual manera, la preocupación por ellas propició la conducción de estudios médico-científicos y epidemiológicos en todo el mundo durante más de 50 años, los cuales han permitido precisar la realidad en torno al asbesto y comprobar que la única forma en que puede afectar la salud humana es mediante una inhalación continua y prolongada.

Con base en este conocimiento, hoy en día podemos afirmar que el asbesto es un material que puede ser usado en forma segura y que no representa un riesgo inaceptable para nuestra sociedad.

La cimentación de una industria

El amianto ha sido utilizado desde tiempos inmemorables, pero es en Austria, a principios de este siglo, cuando debido a la afinidad de las fibras minerales con el cemento, se formaron las primeras tejas. Mucho de su éxito se derivó de la simplicidad del producto en su fabricación. Este hallazgo fue la cimentación de una industria, cuya producción mundial representa más de 84 por ciento y que se encuentra destinada a la fabricación de elementos de asbesto cemento.

Debido a sus importantes características, entre las que se encuentran su bajo costo, la calidad y durabilidad, esta fibra se incorporó rápidamente al proceso de industrialización reconociéndosele como un componente reforzador ideal para la fabricación de diversos artículos, entre los que se encuentran telas para trajes contra fuego, juntas automotrices, pastas para los embragues, balatas para frenos, impermeabilizantes, papeles y cartones, selladores, pinturas, pisos e hilos. Asimismo, está presente en los escudos térmicos de las cápsulas espaciales, en los tubos para la propulsión explosiva de los cohetes y en la nariz del Concorde.

Presión para prohibir el asbesto

Cuando los estadounidenses se enteraron de las aplicaciones «friables» (desmoronable con la presión de la mano) que se encontraron en los edificios de Estados Unidos y principalmente en las escuelas, se propició un gran temor y angustia por la salud de los niños. Esto causó una reacción emocional y creó una fuerte presión hacia las autoridades de ese país.

Prohibición y reivindicación

La conmoción creada debido a esta aplicación fue la causa de una satanización que se difundió en todos los medios informativos, lo cual, aunado a política existente, llevó a que la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA, por sus siglas en inglés) determinara, en julio de 1989, la prohibición de los productos derivados del asbesto, tanto en su fabricación como en su distribución y comercialización.

Sin embargo, poco más de dos años después (octubre de 1991) la Corte de Apelación por el Quinto Circuito de Estados Unidos rechazó esta prohibición por razones importantes, entre las que destacan:

La Corte indicó que en el caso de las tuberías de asbesto cemento, cualquier exposición podría ser ampliamente superada por los beneficios que se reciben de estos productos. La EPA no logró presentar la evidencia requerida para demostrar que había tomado la reglamentación menos gravosa. La Corte reconoció que los argumentos presentados por la EPA no fueron convincentes, ya que la utilización de los productos con asbesto no constituía un riesgo razonable a la población como para justificar su prohibición.

La Corte también hizo notar que las investigaciones de la misma EPA indicaban que los productos sustitutos tienen sus riesgos propios, los cuales podrían ser mayores a aquellos presentados por el asbesto y por lo tanto, el requerir un uso de los productos alternativos resultaba injustificado. Además, la EPA confirmó que no existe ninguna evidencia que demuestre que el asbesto ingerido dañe la salud. Por otra parte, aceptó que los riesgos conocidos por los otros productos podrían superar aquellos del asbesto cemento.

Adicionalmente, la Corte indicó que las meditaciones y conjeturas de la EPA no constituían una evidencia sustancial y, aunque la opinión de los expertos debe ser atentamente escuchada, ésta no debe estar basada en observaciones o especulaciones casuales, particularmente cuando se propone una prohibición.

Asimismo, la Corte explicó que si se prohibieran todos aquellos productos que no son cien por ciento seguros, no se lograría en realidad un mundo más seguro, ya que más gente muere por ingerir palillos cada año que debido a la utilización de tres de los productos que la EPA había prohibido (tuberías, tejas e impermeabilizantes).

Posteriormente, el Departamento de Justicia de Estados Unidos rechazó la revisión que la EPA había solicitado a la Suprema Corte de Justicia sobre este caso, eliminando así la prohibición que había sido decretada por la EPA, reivindicando y autorizando en consecuencia la fabricación, importación y venta de los diversos productos de asbesto.

Estudios médicos científicos

La Organización Mundial de la Salud (OMS) certificó que el asbesto se encuentra presente en forma natural en el agua y en el aire, y que no hay evidencia de que el asbesto ingerido o por el contacto con elementos del asbesto, cause algún problema de salud.

En Estados Unidos, la propia EPA hizo un estudio en 406 ciudades de ese país, tras el cual confirmó que el asbesto existe en forma natural en los recursos acuíferos. En 80 por ciento de la muestra se encontraron hasta un millón de fibras de asbesto por cada litro de agua; en 10 por ciento adicional, hasta diez millones de fibras en el aguas y en el restante 10 por ciento de las ciudades se descubrieron más de diez millones de fibras de amianto en este líquido, en forma natural.

Muchas pruebas fueron realizadas en agua procedente de tuberías de otros materiales y se comprobó que a veces podían existir más fibras de asbesto transportadas a través de tuberías de PVC, que en las tuberías de asbesto cemento. Este planteamiento es importante, porque borra la idea de que el vital líquido pueda ser contaminado por fibras liberadas de la matriz de las tuberías de asbesto cemento, asimismo, por fibras que se encuentran en el aire tanto en zonas urbanas como rurales.

Por citar un ejemplo: en la República Federal Alemana, las concentraciones totales de fibras se encuentran en los límites de cuatro a 15 fibras por litro, de las cuales se comprobó que menos de 6 por ciento eran de asbesto.

Asimismo, se concluyó que no hay conexión estadísticamente significativa entre el uso de láminas de amianto cemento y las concentraciones de fibras de asbesto encontradas en las áreas medidas.

Si una lámina se llegara a romper por cualquier razón, liberando fibras de amianto, éstas se dispersarían en el medio ambiente en el cual la concentración es considerada como baja. Aun en corrosiones avanzadas en techos, la concentración se considera como dentro de los lineamientos aceptables por las autoridades sanitarias alemanas.

Es un hecho que los productos de alta densidad, que cuentan con la fibra de asbesto atrapada en cualquier matriz de hule, teflón resinas o cemento, no causan problema alguno a los usuarios, en virtud de que los niveles de fibras que se pudieran emitir son similares a los que existen en la propia naturaleza y con las que hemos vivido siempre.

Al comparar el asbesto cemento con una losa de concreto, en donde las varillas de acero hacen las veces de las fibras de asbesto, para lograr la cohesión y resistencia, encontramos que las varillas al igual que las fibras de asbesto, no pueden salir de su matriz de concreto y, por lo tanto, no afectan la salud.

Una industria responsable

No hay duda alguna que se requiere contar con una industria responsable. Podemos aseverar que se han obtenido logros importantes con el apoyo de grandes inversiones, con el propósito de adoptar las medidas de seguridad adecuadas en el cumplimiento de la normatividad que rige en México. El resultado ha sido que en el país, el Instituto Mexicano de Fibro Industrias, AC (IMFI) promueve el uso seguro y controlado del asbesto, con objeto de evitar futuros problemas. Por esta razón las minas solamente venden fibras de asbesto a aquellas compañías que hayan podido demostrar su uso correcto y que cumplan con la normatividad.

El IMFI recomienda que todas aquellas aplicaciones en las cuales el asbesto se pueda encontrar en forma libre sean prohibidas. Asimismo, también sugiere que no se utilicen las fibras de asbesto anfíboles, ya que éstas se encuentran prohibidas por la OMS y por la Organización Mundial del Trabajo (OIT).

Realmente, los mayores riegos relacionados con una inhalación intensa de esta fibra se pudieran encontrar en las plantas productivas. Por ello el IMFI se esmera en realizar un seguimiento continuo para poder constatar que existe una industria responsable. Para el efecto, se llevan a cabo mediciones ambientales y supervisiones, además de que se proporciona asesoría técnica que permita mejorar las condiciones laborales. El IMFI mantiene relaciones constantes con autoridades, sindicatos y la sociedad en general, y para ello ofrece toda la información necesaria sobre el tema.

¿Quién gana en el uso seguro del asbesto?

En primer lugar, la población resulta beneficiada, ya que puede seguir utilizando los productos de asbesto cemento que benefician a todos los habitantes del mundo. Principalmente, son necesarios para los países en desarrollo que requieren del almacenaje y distribución de agua potable, así como para la dotación de ductos para el drenaje y, desde luego, las láminas para aquellas familias que necesitan de un techo para su vivienda.

Los trabajadores de esta importante industria pueden mantener sus centros laborales, sobre todo en aquellas plantas en donde ya existe el conocimiento y por lo tanto, la obligación de mantener la salud y la seguridad y donde pueden estar libres de riesgos.

No se debe aceptar la idea de que ya hay productos sustitutos libres de riesgos, en virtud de que esto no está comprobado. Se podría pensar que son inocuos y repetir las mismas actividades irresponsables que sucedieron en el pasado con el asbesto, lo cual ocurrió precisamente por esa falta de conocimiento. La seguridad sin comprobación sobre el uso de materiales sustitutos, nos podría llevar a tener las mismas repercusiones en el futuro.

Finalmente, sería pertinente indicar que es imperativo asumir la responsabilidad, conocer la realidad y las necesidades de nuestro pueblo y evitar que tanto fervor se convierta en fanatismo. Sería mucho mejor manejar esta energía para atender los grandes problemas que aquejan a nuestro mundo.

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