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Especies

Sonar de los barcos genera comportamientos suicidas en ballenas

El buceador de aguas profundas más hábil del océano desarrolla burbujas de nitrógeno que envenenan su sangre como un novato en el buceo que sube demasiado rápido a la superficie

Teorema Ambiental/Redacción

Estudios científicos han comprobado desde hace años que las ballenas picudas varan y mueren después de nadar cerca de un sonar naval. Actualmente se ha descubierto a qué se debe esta conducta extraña: estos mamíferos marinos sufren enfermedades de descompresión, al igual que los buzos, explica un estudio publicado a finales de enero en la revista Royal Society Proceedings B.

Millones de años de evolución han convertido a las ballenas en máquinas de buceo perfectamente calibradas que se hunden kilómetros debajo de la superficie durante horas, para buscar comida en las profundidades del océano. Para hacer esto, su frecuencia cardiaca disminuye, el flujo de sangre se restringe, el oxígeno se conserva.

El buceador de aguas profundas más hábil del océano desarrolla burbujas de nitrógeno que envenenan su sangre como un novato en el buceo que sube demasiado rápido a la superficie porque se asusta mucho con la vibración emitida por estos aparatos, sobre todo una especie conocida como Cuvier.

“Cuando están cerca de un sonar se estresan y se alejan rápidamente, cambiando su patrón de buceo”, explicó la autora principal del estudio, Yara Bernaldo de Quirós, investigadora del Instituto de Salud Animal de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, España.

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“La respuesta al estrés, en otras palabras, anula la respuesta del buceo, lo que hace que los animales acumulen nitrógeno”, agregó. “Es como un disparo de adrenalina.”

Además, la experta señaló que un tipo específico de sonar es el que provoca esta pérdida de equilibrio, el denominado: varamientos de masa “atípicos”, que fue desarrollado durante la década de 1950 para detectar submarinos. Funciona con frecuencia media (MFAS), se utiliza hoy en patrullas y ejercicios navales, especialmente por naves de EEUU y sus aliados de la OTAN.

A partir de 1960, los barcos comenzaron a emitir señales submarinas en un rango de aproximadamente cinco kilohertz (kHz). Fue entonces cuando comenzó la locura para las ballenas de pico, especialmente en el Mediterráneo.

Entre 1960 y 2004, 121 de estos llamados varamientos de masa “atípicos” tuvieron lugar, con al menos 40 estrechamente vinculados en el tiempo y el lugar con las actividades navales.

Estos no fueron varamientos individuales de animales viejos o enfermos, ni tampoco varamientos en masa como ocurrió en noviembre en Nueva Zelanda, cuando más de 200 ballenas piloto encallaron juntas.

El episodio más mortal ocurrió en 2002, cuando sucedieron 14 varamientos en 36 horas en las islas Canarias durante un ejercicio naval de la OTAN. “A las pocas horas del despliegue del sonar, los animales comenzaron a aparecer en la playa”, dijo Bernaldo de Quirós.

En el exterior, las ballenas no mostraron signos de enfermedad o daño: tenían un peso corporal normal y no tenían lesiones ni infecciones en la piel. Internamente, era otra historia. Burbujas de gas nitrógeno llenaron las venas, y sus cerebros fueron devastados por hemorragia.

Las autopsias también revelaron daños en otros órganos, así como en la médula espinal y el sistema nervioso central.

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