Agua

En busca de métodos contra la sequía siembran lluvia artificial

Científicos ponen en duda la inducción de precipitaciones con dispersión de químicos

¿Es posible manipular el clima y producir lluvia a voluntad? Algunos países como China dicen haberlo conseguido. Autoridades del gigante asiático aseguran que con los métodos aplicados para la “siembra” de nubes controlaron con éxito la precipitación pluvial durante los Juegos Olímpicos en 2008.

Productores rurales, gobiernos, empresas e investigadores en muchas regiones del mundo, México incluido, también pretenden manipular el fenómeno a través de la dispersión de químicos: la Organización Meteorológica Mundial registra más de 80 proyectos de este tipo en al menos 25 países.

Sus metas varían conforme a la región: paliar los estragos de las sequías sobre la producción ganadera, aumentar la disponibilidad de agua dulce en zonas agrícolas y desérticas o mantener llenas las presas y centrales hidroeléctricas generadoras de energía.

Este año, el Ministerio de Finanzas y la Administración Meteorológica en China aprobaron un subsidio de más de 160 millones de yuanes (25.4 millones de dólares) a las actividades enfocadas a modificar el estado del tiempo, en su caso para evitar tormentas de granizo y reducir la lluvia y la niebla.

En México, el gobierno estatal de Zacatecas anunció oficialmente en junio el comienzo de trabajos para “bombardear” nubes en su territorio con el apoyo de aeronaves por parte de la empresa Imagen Servicios Integrados del Espacio.

Sin embargo, existe gran polémica sobre la efectividad y alcance de estos sistemas aplicados desde hace cinco décadas, pues los fenómenos meteorológicos no son lineales, sino complejos: dependen de muchos factores, de manera que es muy difícil demostrar si la lluvia tuvo causas naturales o artificiales.

Como un volado

Rocío García Martínez, investigadora del Centro de Ciencias de la Atmósfera de la UNAM, advierte que no existen evidencias científicas de que el proceso de siembra de nubes —con sustancias como yoduro de plata o dióxido de carbono (CO2) congelado— funcione: “Hay mucha documentación técnica (reportes), pero nada que haya comprobado o validado el efecto.”

El yoduro de plata o el hielo seco se dispersan en las nubes de tormenta, ya sea con torres elevadas, aeronaves o con cohetes lanzados desde tierra, como han hecho los chinos. Esas sustancias se adhieren a las moléculas de agua, con lo cual estimularían la formación de cristales de hielo y la caída de nieve o lluvia (según la temperatura del aire).

El proceso comenzó a probarse desde 1946, cuando los químicos Irving Langmuir y Vincent Schaefer, del Laboratorio de Investigación de General Electric, en Estados Unidos, descubrieron el efecto mencionado en los cristales de hielo en nubes frías. A ellos se unió después el físico Bernard Vonnegut.

Para decir si funciona o no, argumenta García, hay que hacer un historial mínimo de diez años sobre las condiciones de precipitación pluvial en un área local bien delimitada. En el caso del país, la entrada de los vientos alisios al Golfo de México (que conllevan lluvias) inicia en mayo y termina en octubre. “Y esto no se modifica: quizá se adelante o atrase (la llegada de lluvias), pero el comportamiento sigue siendo el mismo. Si esto fuera real, en muchos lugares donde se tienen sequías severas y prolongadas no habría razón para no actuar de inmediato.”

La especialista en composición química del agua de lluvia afirma no conocer a las compañías que operan estos sistemas en México. “No tengo ninguna evidencia de que haya algún contubernio con las empresas que hacen siembra; pero creo que se aprovechan de la falta de conocimiento de la gente y los integrantes del gobierno sobre estos temas.”

Pese a ello, la Organización Meteorológica Mundial mantiene un Programa de Física y Química de Nubes e Investigación sobre Modificación del Clima. El organismo ha publicado 34 reportes sobre un Proyecto de Mejoramiento de Precipitación que se fundamentó mediante varios estudios de campo en la década de 1980.

Fuente: El Universal

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